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Afrontando la muerte con atención plena

por Bhante Henepola Gunaratana y Don de Silva.

Texto publicado en Lion’s Roar, cortesía del Monasterio Cittaviveka.
Escrito por Bhante Henepola Gunaratana y recopilado por Don de Silva,
el 16 de Junio, 2017.
Traducido por Juan Manuel Ruiz para zendodigital.

Bhante Henepola Gunaratana, cariñosamente conocido como «Bhante G.», tuvo un encuentro cara a cara con la muerte mientras volaba en avión. Esto es lo que contó al respecto a su audiencia en Cittaviveka, un monasterio budista en el Reino Unido.

Había recibido noticias de la enfermedad terminal de mi madre. De camino a Sri Lanka desde Washington DC, cambié a un avión Jumbo en Hawai. Una o dos horas después de despegar de Hawai, miré por la ventana y vi unas llamas saliendo del motor del avión. En ese momento la voz del piloto sonó por el intercomunicador: el motor del avión estaba ardiendo y volvíamos de regreso. Me dije a mí mismo: «No importa cuán fuerte sea tu apego a la vida, debes dejarlo de lado ya”.

Los asistentes de vuelo nos dieron instrucciones acerca de cómo salir del avión si lográbamos regresar a Hawai. Debíamos sentarnos en silencio con nuestros cinturones de seguridad puestos. Cuando aterrizáramos, las luces del suelo nos señalarían las ocho puertas de emergencia. Las puertas se abrirían y saldrían rampas de emergencia. Debíamos saltar a las rampas sin titubear un momento, deslizarnos y escapar del avión.

Dudo que alguien entendiera algo de estas instrucciones. Desde el momento en que el piloto anunció que el motor estaba en llamas, todos en la cabina parecían estar invadidos por el miedo a la muerte. Algunos comenzaron a santiguarse, las parejas se agarraban con fuerza y se besaban, otros lloraban o parecían tensos y ansiosos.

Pensé: «Si este es mi momento de morir, voy a morir de todos modos, tenga miedo o no. Mantén la mente despejada”. Primero recordé mi comprensión intelectual de lo que es la muerte. Consideré que la muerte es inevitable, y que este sería un buen momento para morir porque había estado haciendo buenas obras, y no tenía nada de qué arrepentirme. Luego pensé en la posible secuencia de eventos. «Si el avión cae rápidamente desde una altura de treinta y nueve mil pies, estaremos inconscientes antes de que el avión llegue al océano». No sé si esto es científicamente cierto, pero eso es lo que pensé en ese momento.

Me dije a mí mismo: «Tengo que mantener la mente muy clara, muy pura, antes de perder el conocimiento. Este es el momento de usar mi atención plena para darme cuenta de la inevitabilidad de la muerte. Si muero pacíficamente en un estado mental puro y claro, mi vida futura será brillante. Tal vez logre una etapa de iluminación al ver la verdad de la impermanencia. No debo bloquear mi mente con miedo o confusión. No importa cómo de fuerte sea mi apego a la vida, debo dejar de lado ese apego ya mismo». De esta manera hice un esfuerzo para prevenir cualquier estado de ánimo insano surgiendo frente a la muerte, y alenté la aparición de estados mentales saludables.

Estaba demasiado aturdido para sentir miedo, y no tenía miedo, ¡realmente disfruté viendo las llamas saliendo del motor a treinta y nueve mil pies! Las llamas eran azules, amarillas y rojas. Pocas veces ves esas llamas azules. A veces salían a raudales; a veces bajaban de intensidad. Parecían fuegos artificiales, o la aurora boreal.

Mientras disfrutaba del drama, veía de vez en cuando la agonía que sufrían los otros trescientos pasajeros por la sola idea de la muerte. ¡Parecían casi muertos antes de morir! Noté, sin embargo, que los niños pequeños no parecían afectados. Siguieron riendo y jugando como lo hacían antes de la crisis. Pensé: «Permítanme ponerme en el lugar de la mente infantil».

Logramos regresar a Hawai y el avión realizó un aterrizaje de emergencia. Salimos por las puertas de emergencia según las instrucciones, deslizándonos por las rampas. Bajar por las rampas inflables fue una experiencia completamente nueva para mí. Tal vez todos los demás en el avión habían bajado por un tobogán en el patio de recreo en su infancia, pero yo nunca había hecho algo así en el pueblo pobre donde crecí.

Hasta el final lo disfruté mucho.

4 comentarios en “Afrontando la muerte con atención plena”

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