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Atención plena: ¿centrada en el presente sin juicio? (II parte)

Autor: Georges Dreyfus.
Traducción: Juan Luján.
Revisión: Dokushô Villalba.
Fuente original: Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, May 2011

mecanismo del reloj de bolsilloMindfulness, sati y retención

El término inglés mindfulness (español: atención plena) es una vieja palabra que indica la cualidad de ser consciente y prestar atención. De modo interesante para nuestra discusión, también tenía la connotación de recordar y tener un propósito en mente, aunque estos usos parecen haberse difuminado. Esta palabra se ha usado para traducir varios términos budistas, sobre el todo el sánscrito smrti (en pali sati; en tibetano dran pa). Estos términos se han usado ampliamente dentro de la tradición donde se han entendido como fundamentales para la práctica de la meditación. No hay nada incorrecto con su traducción como atención plena siempre y cuando uno controle el campo semántico de estos términos. Cuando hacemos esto, sin embargo, nos damos cuenta que la comprensión de atención plena/sati como conciencia centrada en el presente y no juzgadora es problemática porque refleja solo algunos de los modos en los que estos términos originales se emplean.

La palabra smrti viene de la raíz sánscrita smr, que significa ‘recordar’ y ‘mantener en mente’. La palabra en sí misma puede referirse al acto de recordar y mantener en mente, además de lo que es mantenido en mente. Así, la tradición hindú llama a algunos de sus textos sagrados menores smrti, ‘lo que se recuerda’, en oposición a los Vedas, que son sruti, ‘lo que ha sido oído directamente’. Dentro del contexto budista, esta palabra tiene generalmente un significado relacionado pero más restringido y se refiere a la cualidad de la mente cuando recuerda o tiene en cuenta un objeto. El gran erudito Buddhaghosa da esta definición de sati dentro del contexto de la tradición clásica Theravada:

“Permanecer en el recuerdo (saranti) de los procesos mentales o estar simplemente recordando (sarana). Así es la atención plena (sati). Su característica es no oscilar; su función es no olvidar. Se manifiesta como vigilancia o concentración sobre el objeto”. (Nyanamoli Bhikkhu 1976, XIV 141).

Vale la pena prestar atención a esta descripción de sati por al menos tres razones. La primera, uno no puede sino estar sorprendido por la oscuridad del texto, que glosa la palabra sati como ‘no oscilación’. ¿Qué significa ésto? Segundo, las connotaciones varias proporcionadas por Buddhaghosa tales como ‘no oscilante’ y ‘que recuerda’ no parecen encajar de forma cómoda dentro de un solo concepto. Por tanto, no podemos sino preguntarnos ¿por qué se describen con el mismo término? Tercero, esta glosa de sati no parece concebir en absoluto la atención plena como conciencia centrada en el presente. Está claramente en desacuerdo con este entendimiento de la atención plena ya que sati incluye el acto de recordar el pasado y por tanto no está necesariamente centrado en el presente.

Cuando se acude a otros textos clásicos aparecen concepciones de la atención plena mucho más alejadas de la opinión contemporánea. ‘Las preguntas del rey Milinda’, por ejemplo, nos dan una descripción de la atención plena como expresamente evaluadora. Al responder las preguntas del rey griego Milinda, el monje Nagasena aporta una larga explicación de la atención plena como ‘no errante, que no vaga’ y ‘absorbente’. Mientras explica lo anterior, deja bien claras las dimensiones éticas de la atención plena, señalando que la función de la atención plena no es sólo mantener el contacto con lo que quiera que esté presente en el conocimiento de la atención sino que también incluye el discernimiento entre estados mentales saludables y no saludables. Este énfasis ético se explica como el análisis de la naturaleza beneficiosa o perjudicial de los distintos estados mentales (Mendis 1993, 37 – 8). Esta visión de la atención plena está bastante lejos de la idea de atención plena como conciencia no juzgadora, porque si la atención plena permite distinguir estados mentales saludables de no saludables, debe ser expresamente cognitiva y evaluadora, en contraste de la idea de atención plena como aceptación no juzgadora de cualquier cosa que aparezca en el flujo de nuestra conciencia.

Debe quedar claro que al señalar el contraste entre la visión de la atención plena como conciencia no juzgadora centrada en el presente y la forma en que las fuentes clásicas emplean este concepto, el propósito de mi exposición no es una versión erudita del juego ¡te pillé! Más bien, lo que busco aquí es una mejor conceptualización de la atención plena, así como la recuperación de sus implicaciones cognitivas, que están en peligro de perderse con la fiebre de equiparar atención plena con conciencia centrada en el presente no juzgadora. Para hacer esto, creo que puede ser útil reflexionar sobre la forma en que las fuentes clásicas emplean el concepto de atención plena/sati. ¿Cómo es que este término tiene tan diferentes connotaciones (que no vacila, que recuerda, que se enfrenta cara a cara al objeto, que examina, etc). ¿Qué tienen estas connotaciones en común? Debe quedar claro que la idea de conciencia no juzgadora centrada en el presente no va a ser de mucha ayuda aquí, ya que sati puede involucrar el recuerdo del pasado además de la atención al presente. Por tanto, más que quedar satisfecho con esta representación de la atención plena, creo que deberíamos examinar el modo en que funciona de forma cognitiva, particularmente el modo en el que retiene información más que el modo en el que simplemente atiende a su objeto.

La idea de la atención plena como una retención de la información puede pillar por sorpresa dada la casi universal aceptación de la definición de atención plena como conciencia no juzgadora centrada en el presente. E incluso la idea de atención plena como algo que sostiene, más que algo que atiende simplemente de forma pasiva, encaja bastante bien con las descripciones clásicas budistas encontradas en el Abhidharma, las cuales coinciden todas en presentar a la atención plena como la capacidad que permite a la mente permanecer presente sobre el objeto sin distracción. Me gustaría defender que es esta capacidad retentiva de la mente la que debe tomarse como definitoria de la atención plena, no su supuesta no conceptualización centrada en el presente. Es esta capacidad retentiva la que permite a la mente mantener el objeto en el conocimiento de la atención además de recordarlo más tarde. Por consiguiente, no debería sorprender que se presente la atención plena como relevante tanto para sostener en el presente un objeto como como para recordarlo en el futuro. Ambas son formas de retener información y por tanto ambas son descritas como formas de atención plena/sati. También me gustaría defender que esta capacidad retentiva es primordial para explicar cómo la atención plena opera cognitivamente y ayuda mucho a explicar las transformaciones cognitivas aparejadas a esta práctica.

Además sostendría que esta capacidad retentiva de la atención plena está crucialmente conectada a la memoria a corto plazo, la capacidad de la mente para retener y dar sentido a la información recibida. La percepción de un objeto no sucede en instantes temporales discontinuos. Más bien, percibimos en un flujo temporal y, debido a ello, se nos presentan con un sentido. No veo a una persona moviéndose a través de varias posiciones en el espacio sino más bien la veo moviéndose fluidamente de un lugar a otro. Así, la conciencia implica la capacidad para poner en resonancia distintos procesos cognitivos y así la información que estos procesos producen cobra sentido y produce patrones coherentes, los cuales pueden ser representaciones no totalmente precisas de los objetos externos pero son suficientemente buenos para guiar nuestras acciones. Este cobrar sentido está significativamente conectado a la memoria a corto plazo, la capacidad de la mente para mantener y manipular información relevante y así ser capaz de involucrarse en actividades con sentido.

La idea aquí no es equiparar la capacidad retentiva de la conciencia, la memoria a corto plazo y la atención plena, sino sostener que hay un solapamiento significativo que nos ayuda a entender lo que Buddhaghosa tiene en mente cuando caracteriza la atención plena como ‘no oscilante’. Atención plena es la capacidad de la mente para mantener el objeto en la conciencia sin perderlo. Tal habilidad no puede entenderse simplemente como un proceso en el que nuestra mente permanece abierta a cualquier cosa que aparezca sino que debe verse como algo que involucra la capacidad de la mente de retener y ligar información y así el momento presente de experiencia pueda ser integrado dentro del flujo temporal de la experiencia. Esta capacidad de sostén de la atención plena es una habilidad natural que la mente tiene, habilidad que puede reforzarse con la práctica pero que existe naturalmente en cada persona, al menos hasta un cierto punto. Es esta capacidad para retener información la que es reforzada por la práctica de la meditación y que responde por el desarrollo de modos sostenidos de atención cuando la mente no es arrastrada por la fugaz corriente de datos sino que es capaz de prestar atención a los objetos de forma sostenida.

Atención plena entonces no es la conciencia no juzgadora centrada en el presente sino el prestar atención de cerca a un objeto, que lleva a la retención de los datos y así a dar sentido a la información entregada por nuestro aparato cognitivo. Así, lejos de estar limitado al presente y a una mera abstención de emitir juicios, la atención plena es una actividad cognitiva estrechamente conectada a la memoria, particularmente a la memoria a corto plazo, la capacidad de mantener activa la información relevante y que así pueda ser integrada en patrones con significado y usada para actividades dirigidas a un objetivo (Jha et al. 2010). Al prestar estrecha atención, los practicantes de la atención plena fortalecen su control cognitivo porque aumentan su capacidad para retener información y así ver su auténtico significado más que ser arrastrados por sus reacciones. A lo que se le presta atención puede mantenerse por la memoria a corto plazo y así estar disponible para una evaluación apropiada.

Esta conexión entre atención plena, memoria a corto plazo y evaluación apropiada se hace patente bastante claramente cuando uno se fija en la enseñanza fundacional de Buda sobre la atención plena, el Satipatthana Sutta. Este complejo texto, que afirma ser las propias palabras del Buda (en oposición al Abhidharma, que es la sistematización de las palabras del fundador), presenta una compleja práctica para desarrollar la atención plena alrededor de cuatro temas: atención plena sobre el cuerpo, sobre las sensaciones, sobre la conciencia y los factores mentales (las cuatro aplicaciones de la atención plena, satipatthana). Para cada una de las cuatro aplicaciones, el sutra explica cómo tiene que practicarse la atención plena. En relación al cuerpo, el texto expone varias consideraciones concernientes a las actividades del cuerpo, su respiración, posturas y composición anatómica. Al tratar de las posturas, por ejemplo, el texto explica el desarrollo de la atención plena como basado en la conciencia de la postura. El texto dice: ‘… cuando camina, sabe “estoy caminando”, cuando está de pie, …’ (Analayo 2003, 5).

De forma similar, cuando trata sobre actividades del cuerpo, la respiración, las sensaciones y otros objeto de contemplación, el discurso recalca el desarrollo de la presencia de la mente en lo que se está contemplando y así uno está completamente despierto a la experiencia que uno está experimentando. Por consiguiente está bastante claro que para el Satipatthana Sutta, atención plena no es sólo una conciencia no juzgadora centrada en el presente sino que supone la capacidad de la mente para prestar atención y retener cualquier experiencia así como desarrollar una clara comprensión de la experiencia y la capacidad para acordarse de dicha experiencia en el futuro. Este aspecto evaluador de la práctica de la atención plena se nota incluso más claramente en el fragmento de Las Preguntas del Rey Milinda discutidas más arriba donde se presenta como la capacidad para discriminar entre las cualidades positivas y negativas. Para entender más a fondo el lugar y el papel de esta forma de atención plena evaluadora, puede ser útil ampliar el alcance de nuestra investigación e incluir, no obstante de forma breve, una descripción de la forma en la que el Abhidharma presenta el espectro completo de las distintas formas de atención.

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