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Atención plena: ¿centrada en el presente sin juicio? (I parte)

Autor: Georges Dreyfus.
Traducción: Juan Luján.
Revisión: Dokushô Villalba.
Fuente original: Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, May 2011

Introducción

Este ensayo critica la caracterización común de la atención plena como conciencia basada en el presente y que no juzga, sosteniendo que a esta opinión se le escapa algunas de las características centrales de la atención plena como se describe en las consideraciones budistas clásicas, que presentan la atención plena como referente al pasado además de al presente. Muestro que para estas fuentes la característica central de la atención plena no es su foco en el presente sino su capacidad para mantener su objeto y así permitir la atención sostenida, con indiferencia de si el objeto está en el presente o no. Más adelante enseño que para estas fuentes la atención plena puede ser explícitamente evaluadora, demostrando así el grado en el que las consideraciones budistas clásicas difieren de la descripción moderna de la atención plena como no juzgadora. Concluyo que aunque esta descripción moderna puede ser útil como una definición operativa, planeada para el adiestramiento práctico, no proporciona una base adecuada para un análisis teórico de la atención plena, porque falla en enfatizar su naturaleza retentiva para privilegiar su supuesta no conceptualización.

Hace solo unos pocos años que descubrí que el concepto de la atención plena se había extendido ampliamente dentro del campo de la psicología. Inicialmente me encantó que un concepto tan central de la práctica budista pudiera ser usado con gran eficacia como herramienta terapéutica, pero rápidamente mi entusiasmo dio paso a cierta incomodidad por la forma en la que los psicólogos trataban este tema, tomándolo como más o menos obvio o discutiéndolo mediante definiciones someras basadas en el trabajo de Jon Kabat-Zinn (1990). Me impresiono el hecho de que estas discusiones psicológicas continuaban sin ninguna referencia seria a las fuentes originales budistas de las cuales se suponían que derivaban. Como investigador budista sentí que estas discusiones olvidaban a menudo puntos importantes y presentaban una visión de la atención plena que, a veces, me resultaba difícil reconocer. La primera tentación para mí fue considerar estas presentaciones simplemente como no auténticas, faltando a la verdad de las ideas halladas en los textos originales. Esto no las descalificaba, porque pensaba que no hay nada malo en una reinterpretación rigurosa de viejas ideas para adaptarlas al contexto moderno. Entendí el uso terapéutico de la atención plena como una invención de una tradición que suministraba herramientas y conceptos útiles dentro del contexto de intervenciones terapéuticas, pero pensé que todo el mundo estaría mejor tratado simplemente eliminando la referencia al Budismo y la pretensión de representar de forma auténtica sus ideas y prácticas.

Reflexiones posteriores han cambiado mi opinión sin, no obstante, aliviar completamente mi malestar. Este cambio ha sido el resultado de mi conciencia aumentada de la gran multiplicidad de tradiciones religiosas. Como experto de estudios religiosos, entiendo que la pretensión de proporcionar «la visión budista de la atención plena» debería oponerse a un intento de privilegiar ciertas partes de la tradición a expensas con frecuencia de otros aspectos menos conocidos. El Budismo es una tradición plural que ha evolucionado a lo largo de los siglos para incluir una amplia variedad de puntos de vista sobre la atención plena. Por tanto, no hay un solo punto de vista que pueda siquiera esperar ser calificado como «la visión budista de la atención plena». Lo que se presenta a menudo como «la visión budista de la atención plena» se deriva con frecuencia de las tradiciones académicas, particularmente de las múltiples versiones del Abhidharma. Estas presentaciones son ciertamente de gran importancia para comprender algunas de las ideas budistas centrales pero no pueden tomarse como el punto de referencia normativa, en relación al cual las otras presentaciones puedan ser juzgadas como no auténticas. De hecho, creo que el uso de la retórica de la autenticidad debería ser visto con desconfianza. Es, con frecuencia, un intento de reclamar autoridad y descalificar otros puntos de vista dentro de la tradición, opiniones que pueden haber sido marginales pero no son necesariamente ilegítimas. De este modo, me doy cuenta de que algunas de mis reacciones previas al movimiento mindfulness pueden haber reflejado algo de mi malestar al ver mis propias demandas de autoridad pasar desapercibidas y mi experiencia ignorada. Y además, como se ha mencionado más arriba, darme cuenta de esto, no ha apaciguado completamente mi desasosiego.

En las páginas siguientes, reflexiono sobre algunas de las razones de este malestar y examino los problemas que veo en algunos de los actuales análisis sobre la atención plena basados en mi conocimiento de las fuentes budistas, las cuales me son familiares como estudioso de textos que está interesado en las prácticas meditativas y en relacionar las ideas budistas con las discusiones científicas contemporáneas. Debe quedar claro que mi discusión de la atención plena no asegura proporcionar una explicación definitiva o acreditada de la concepción budista de la atención plena ya que no creo que tal explicación sea factible. También debe quedar claro que no estoy intentando aquí aportar una evaluación crítica de las prácticas terapéuticas concernientes a la atención plena, algo completamente fuera de mis competencias. Más bien, estoy ofreciendo una reflexión sobre los problemas que veo en el modo en que se concibe la atención plena en la literatura psicológica y pregunto: ¿necesita la atención plena estar basada en el presente y en no emitir juicios como parece asumirse en la literatura psicológica? Para contestar a esta pregunta empiezo examinando una definición convencional de la atención plena en la literatura, que lo presenta como conciencia no elaborativa y no juzgadora centrada en el presente. Muestro como esta definición refleja instrucciones prácticas dadas en el adiestramiento y sostengo que no proporciona las bases para una buena explicación teórica, porque se deja la característica principal de la atención plena, que es mantener su objeto y de este modo permitir la atención sostenida sin importar si el objeto de la atención está presente o no. Al sostener que la atención plena se entiende mejor como retentiva, hago hincapié en su aportación cognitiva más que en su no conceptualización. Además argumento que esta capacidad retentiva juega un papel central en muchos procesos cognitivos, recordando no perder de vista el aspecto nemotécnico de la atención plena y no confundir instrucciones prácticas y definiciones operativas con análisis teóricos. Concluyo mostrando las consecuencias de la falta de dar su justo lugar a la importancia cognitiva de la atención plena.

Una definición convencional de atención plena

Al examinar lo que encuentro problemático en muchas de las opiniones contemporáneas sobre la atención plena en la literatura psicológica, obviamente no puedo hacer justicia a todas las consideraciones. Aun así, creo que hay algo cercano a un consenso en la literatura profesional con respecto a la caracterización de la atención plena. Una explicación así puede encontrarse en los trabajos de, por ejemplo, S. Bishop, que ha proporcionado lo que se ha convertido por ahora en una definición ampliamente aceptada. Bishop ofrece esta definición:

“Ampliamente conceptualizada, la atención plena se ha descrito como un tipo de conciencia no elaborativa, no juzgadora, centrada en el presente, en la que cada pensamiento, sentimiento o sensación que aparece en el campo de atención se reconoce y acepta como es”. (Bishop et al. 2004, 232)

Esta definición, que refleja el punto de vista del terapeuta involucrado en intervenciones prácticas, acentúa dos características de la atención plena. Primero, recalca la naturaleza no juzgadora de la atención plena como un estado de conciencia que permite una observación de los estados mentales sin identificarse en exceso con ellos así como crear una actitud de aceptación que puede llevar a una mayor curiosidad y mejor autoconocimiento. Esto facilita la desconexión con los patrones habituales de reacción afectiva y discursiva, y al mismo tiempo permite una respuesta más reflexiva a las circunstancias difíciles de la vida de cada uno, mejor que permanecer prisionero de nuestros propios hábitos y compulsiones.
Segundo, hay un fuerte énfasis en afirmar que la atención plena consiste en centrarse en el presente, es decir concentrarse en lo que está sucediendo en el momento presente. La idea básica es que para liberarnos necesitamos calmar la mente y desconectarla de sus tendencias compulsivas a conceptualizar nuestras experiencias en términos de me gusta o no me gusta. Esta “desautomatización” de nuestras tendencias juzgadoras habituales se consigue limitando el ámbito de nuestra atención a lo que está sucediendo en el momento presente. En vez de estar evaluando constantemente nuestras experiencias desde el punto de vista de recuerdos pasados y expectativas futuras, necesitamos simplemente tomar nota de lo que está teniendo lugar en el momento, observando la experiencia y nuestras reacciones en vez de desarrollar su contenido. De este modo, seremos capaces de desarrollar un estado de ecuanimidad no reactiva que nos permita ver las cosas como son y actuar de acuerdo a la realidad en vez de permanecer prisioneros de nuestros patrones usuales de reactividad evaluadora.

Para empezar, debería decir que hay mucho que elogiar en esta caracterización de la atención plena. La “desautomatización” de los patrones habituales de reacción y el debilitamiento de respuestas prepotentes es ciertamente una parte importante de la práctica budista, que busca liberar la mente de las compulsiones internas que conducen al sufrimiento. También está claro que el énfasis sobre la naturaleza de la atención plena basada en el presente es útil, especialmente al inicio de la práctica de cada uno cuando la mente está prisionera de su desenfrenado discurso. Esto no es lo mismo que decir que la atención plena está necesariamente centrada en el presente (como veremos enseguida) ni que es necesariamente no juzgadora, pero no hay duda que la disciplina de ser capaz de mantener la mente fijada al momento presente y de abstenerse de su parloteo habitual es una etapa importante en la educación de la atención, que es la base de la práctica meditativa.

Déjenme aclarar que mi propósito aquí no es criticar la práctica de terapeutas y profesores budistas que han intentado adaptar los conceptos clásicos budistas al contexto moderno. Tal adaptación es necesaria y no está en discusión. Lo que deseo criticar es el modelo teórico que parece asumirse por estos profesionales así como proporcionar una mejor comprensión teórica de los mecanismos cognitivos implicados en la práctica de la atención plena. Para hacer esto reviso el tratamiento a la atención plena en algunas de las fuentes clásicas budistas. Me centro sobre todo, pero no únicamente, en los claros enfoques de la cuestión encontrados en la tradición académica de comentarios, particularmente las presentaciones de varios Abhidharmas (la parte del canon budista que analiza el reino de la experiencia sensitiva y el mundo determinado por tal experiencia, en sus elementos básicos (dharma), listándolos y agrupándolos en las categorías apropiadas para socavar la afirmación de un sujeto perdurable y unificado. Una somera mirada a estas fuentes revela que las definiciones clásicas de atención plena no se corresponden con la descripción de la atención plena como conciencia no juzgadora centrada en el presente. Aunque tal descripción no es ajena a la tradición, no ocupa el lugar central que muchos practicantes modernos del mindfulness asumen. Podemos preguntarnos entonces cómo entiende la tradición budista académica clásica la atención plena si no se define como conciencia centrada en el presente y no juzgadora, y quizás más importante, qué podemos aprender de las fuentes clásicas sobre la atención plena que pueda ayudar a sacar a relucir alguna de las características que se han ignorado por la explicación habitual definida más arriba. Pero antes de que podamos hacer esto, deberíamos aclarar los términos de la pregunta y entender el campo semántico de las palabras usadas en esta discusión.

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