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La compasión en el paisaje del sufrimiento

 
por Christina Feldman y Willem Kuyken

En este artículo trataremos sobre la compasión y el papel que desempeña en los  enfoques basados en el mindfulness. La compasión es una orientación  de la mente que reconoce el sufrimiento y la universalidad del sufrimiento en la experiencia humana, y la capacidad para afrontarlo con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. Subrayamos que el aprender a afrontar el sufrimiento con compasión forma parte de cómo la gente puede vivir con condiciones crónicas recurrentes como la depresión. Mientras que muchos de los enfoques basados en el mindfulness no enseñan explícitamente la compasión, nosotros describimos de qué forma la estructura del programa y los profesores permiten a los participantes cultivar la compasión en el paisaje del sufrimiento. Describimos un ejemplo de un caso de cómo este proceso se desplegó para una persona a través de la terapia cognitiva basada en el mindfulness.

Dawn ha sufrido numerosos episodios de depresión en su vida. Cada nuevo episodio parece tener vida propia y ella usa esta analogía: “Es como si estuviera siendo arrastrada hacia y por encima de las cataratas del Niágara”. Para ella esta analogía resume el sentido de inevitabilidad, desamparo y horror de cada depresión recurrente. Dawn describe un punto decisivo en su recuperación:

“Me fui dando cuenta gradualmente de que cuando juzgaba cómo me estaba sintiendo, añadía más sufrimiento a la situación. En lugar de preguntarme ¿por qué no me puedo levantar? y contestarme “Porque soy una fracasada”, llegué a ver que mi letargia y pensamiento negativo eran parte de la depresión y que tardaría tiempo en remontarla. Esto me proporciono un destello de esperanza que pude empezar a cultivar. Estaba casi bien estar deprimida y empecé a cuidarme a mi misma de diferentes formas. En lugar de luchar contra la depresión, empecé a ser amable conmigo misma. Mirando atrás, creo que fueron los primeros pasos que di para salir de la depresión”.

Dawn, 48 años

¿QUÉ ES LA COMPASIÓN?

En las enseñanzas tradicionales de la tradición budista, la compasión es definida como “el corazón que se estremece ante el sufrimiento”. A veces se ha traducido como “el corazón que puede estremecerse ante el sufrimiento”. Es la más noble cualidad del corazón humano a la que se puede aspirar, la motivación que subyace a todos los caminos meditativos de sanación y liberación.

La compasión es una respuesta al sufrimiento, la inevitable adversidad a la que todos los seres humanos han de enfrentarse en su vida, si bien lo que debilita la mente es el dolor enraizado en el envejecimiento, la enfermedad y la muerte o las aflicciones psicológicas y emocionales. La compasión reside en saber que no todo dolor puede ser “arreglado” o “solucionado” pero que todo sufrimiento se puede abordar mejor desde la perspectiva de la compasión.

La compasión es una respuesta al dolor, a la pena y a la angustia que incluye muchas texturas. Incluye bondad, empatía, generosidad y aceptación. Los hilos del coraje, la aceptación y la ecuanimidad están implicados, a partes iguales, en la confección del vestido de la compasión. Sobre todo, la compasión es la capacidad para abrirse a la realidad del sufrimiento y aspirar a su sanación. El Dalai Lama dijo “si quieres saber lo que es la compasión, mira en los ojos de un padre o de una madre que acunan a su hijo enfermo y con fiebre”.

Mientras que las concepciones budistas de la compasión se remontan a hace más de 2.500 años, los psicólogos han empezado sólo recientemente a considerar  el papel de la compasión y su rol en el sufrimiento y la resiliencia. Paul Gilbert considera la compasión como una capacidad psicológica evolucionada que es parte del sistema de “ofrecer cuidados” de los seres humanos. La compasión incrementa nuestra habilidad para cuidar a nuestros niños y jóvenes, y, en este sentido, es innata. Este autor define la compasión de una forma amplia e incluye en la misma aspectos de cuidado, calma, simpatia, empatía y no-juicio. Su concepción lleva implícita una teoría que integra las bases biológicas de la conducta humana, la evolución y el vínculo humano. Un reciente artículo también argumenta que la compasión ha evolucionado para ayudar a los grupos sociales a proteger a sus miembros más débiles y a aquellos que sufren (Goetz, keltner and Simon-Thomas, 2010). Es muy interesante ver que el trabajo de Gilbert sobre la compasión se ha desarrollado en parte como una respuesta a sus trabajos anteriores sobre la depresión, y a su visión sobre el papel integral que la autocrítica, la vergüenza y la impotencia tienen en la depresión.

Una definición alternativa ha sido ofrecida por Kristin Neff en la que articula tres componentes de la auto-compasión: auto-amabilidad, humanidad compartida y atención plena (mindfulness). Su trabajo tuvo como motivación el tratar de describir una actitud saludable hacía uno mismo que fuera más alla de las nociones simplistas de la autoestima. Ella describe la auto-amabilidad como “ser amable y entenderse a uno mismo en situaciones de dolor o fracaso”, la humanidad compartida como “el percibir la propia experiencia como parte de la más amplia experiencia humana” y el mindfulness como “sostener pensamientos y sentimientos dolorosos con una conciencia equilibrada”. Argumenta que estas cualidades son intrínsecas a un sano sentido del yo y que, en conjunto, permiten a una persona manejar sus emociones ante las dificultades.

Nosotros ofrecemos la siguiente definición de la compasión: “la compasión es una orientación mental que reconoce el dolor y la universalidad del dolor en la experiencia humana, y la capacidad de abordar el dolor con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. Mientras que la auto-compasión se orienta hacía nuestra propia experiencia, la compasión amplia su orientación a la experiencia de los otros”.

La importancia de la compasión en el proceso de sanación

La compasión permite la sanación. Como seres humanos -comprensiblemente- nos disgusta y nos da miedo el dolor. Instintivamente tendemos a echarnos atrás y a volvernos ansiosos frente a una aflicción física o mental. Hay solo un pequeño paso desde estos patrones habituales de evitación hasta los patrones de vergüenza, aversión, juicio y agitación. Es la segunda capa del sufrimiento que se superpone a la primera. El efecto de este capa de reacción es que magnifica la realidad del dolor y de la aflicción, y que desencadena más sufrimiento emocional en forma de  desesperación, depresión y desamparo. Este circuito cerrado de reactividad se convierte en un circuito auto-mantenido que bloquea cualquier posibilidad de afrontar el sufrimiento con coraje y compasión.

Nuestra propia experiencia del miedo y del dolor así como las investigaciones en el campo de la psicología, nos dicen que la compasión es tan importante para nuestro bienestar emocional como la alimentación para nuestro cuerpo. En épocas de gran aflicción en nuestra vida somos conmovidos sobre todo por la compasión. La compasión nos ofrece una alternativa vital frente al rechazo y al miedo. Es lo que nos permite enfrentar el miedo y el dolor y no huir de ellos, y nos posibilita abordar el sufrimiento con bondad y curiosidad en lugar de con vergüenza o culpa.

El miedo y el rechazo rompen nuestra relación con todo. La compasión es el principio de nuestra amistad con aquello que previamente habíamos rechazado. Más que estar perdidos entre los extremos de tratar de vencer la aflicción o de que esta nos venza a nosotros, la compasión empieza con el descubrimiento de la capacidad de “estar con”, de permanecer estable (inalterable) frente a la adversidad. Está relacionada con la bondad , la cordialidad y la conectividad. La sanación no implica necesariamente que el dolor se solucione o desaparezca, la sanación consiste a menudo en suavizar y disolver la resistencia y aversión que nos mantienen atascados en el miedo y en el distanciamiento. La sanación ha sido descrita por Jon Kabat-Zinn como “aceptar las cosas  tal como son”. Esto quiere decir que relacionarse con el sufrimiento con ecuanimidad y compasión son parte del proceso de curación.

Muchos desórdenes emocionales vienen marcados por patrones de pensamiento y conducta que , aunque sean comprensibles a cierto nivel, a otros niveles mantienen y exacerban el desorden. Por ejemplo, en la depresión, el pensamiento negativo puede ser un intento de dar sentido a la experiencia y la retirada un intento de protegerse frente a futuras experiencias aversivas.  En los precedentes de su último episodio de depresión, Dwan tenia tanto miedo que pretendía ante sí misma que no estaba pasando y trabajaba más para compensar las críticas que tanto temía de sus colegas. El sentimiento de precipitarse por las cataratas del Niágara lo esperaba con rechazo: ”Si remo más fuerte, puede que salga de este bache”. En poco tiempo, la oportunidad y el espacio para tener una respuesta compasiva o una acción eficaz se habían desvanecido.

Ahora Dawn está deprimida y piensa constantemente “No soy buena en mi trabajo” y “No les gusto a mis compañeros”. No vuelve al trabajo para evitar lo que ella siente como una situación que no puede manejar. No hay lugar para Dawn para preguntarse a sí misma si estos pensamientos están basados en la realidad, o si su reacción contribuye a exacerbar su depresión o forma parte de su proceso de sanación. En la ansiedad, el miedo está fuertemente asociado con pensamientos de amenaza inminente o latente. Estos pensamientos e imágenes van alcanzando un amplio abanico de situaciones creando una  ansiedad incapacitante que la persona trata de manejar adoptando una serie de conductas para mantenerse a salvo. Paradójicamente, de nuevo estos comportamientos pueden acrecentar y mantener la ansiedad. El hecho de que Dwan huya del contacto social es un intento para protegerse de la temida posibilidad de ser criticada y rechazada. En su lugar, lo que provoca es que queden excluidas tanto la oportunidad de que estos miedos no se confirmen como la oportunidad de beneficiarse del apoyo emocional que proporciona el contacto social.

Llevar nuestra atención y compasión a estos sentimientos, pensamientos y comportamientos constituye un primer paso para salir de la reactividad y permitir la posibilidad de responder más hábilmente. Cuando tratamos a personas con historiales de depresión, explicamos al grupo de qué se trata recurriendo a la metáfora de las cataratas del Niágara. Explicamos que aprender mindfulness permite a la gente darse cuenta de la reactividad de la mente y abandonar determinados patrones que de forma inadvertida crean más sufrimiento. Pueden prestar atención al sonido lejano de las cataratas, al de las aguas turbulentas, al movimiento del aire y entonces anclarse en el momento presente y responder de una forma diferente. De forma sencilla pero profunda , salir de la reactividad permite a la persona trazar un camino hacia la orilla del rio o hacía un afluente. Con el tiempo, puede ver el patrón de reactividad como una construcción mental.

De nuevo, cabe señalar que la teoría y la investigación psicológica sobre la compasión se encuentran en sus primeras fases. Pero, aunque no signifique que sea conclusivo, cada estudio que examina la relación entre la compasión y los constructos psicológicos sugiere que la compasión se asocia positivamente con el bienestar y negativamente con la aflicción. Es demasiado pronto para afirmar si está involucrada en el proceso de sanación, pero nosotros vamos a desarrollar en las páginas que siguen un modelo de cómo la compasión forma parte del proceso de la sanación.

¿Puede cultivarse la compasión?

Mucha gente ha experimentado momentos de natural y decidida compasión cuando el corazón se ablanda ante el sufrimiento, el dolor y la impotencia. Imágenes de niños que están sufriendo una hambruna, gente que soporta una terrible injusticia, personas mayores que intentan cruzar una calle muy transitada, el bebé que tropieza en el parque, la mujer exhausta que cuida de sus padres ancianos. Estos son momentos que provocan un deseo natural de  querer contactar al otro en medio de su dolor. Son momentos preciosos donde la división entre uno mismo y el otro se diluye, la historia de culpa y resentimiento se desvanece y habitamos – aunque sea por un momento – en un mundo imbuido de bondad y compasión. Demasiado a menudo estos preciosos momentos son arrastrados y se pierden por la excesiva actividad de nuestra mente, y nos encontramos una vez más en el territorio de la agitación, la culpa y la distracción. Las tradiciones meditativas de las diferentes tradiciones espirituales nos animan a cultivar una visión en la cual estos destellos de compasión no son dejados al azar.

Muchas tradiciones espirituales enfatizan  que los momentos de compasión no tienen por qué ser accidentes afortunados o misteriosos. No podemos hacernos sentir compasión aunque las grandes tradiciones espirituales aseguran que podemos aprender a orientar nuestra mente y nuestro corazón hacia ella.  La compasión en todas estas tradiciones es concebida como un arte igual que otro cualquiera, que se desarrolla a través de una práctica sostenida y dedicada. Es reeducar el corazón, aprendiendo a ser bondadoso y  a estar presente  en medio de la neblina del sufrimiento. El examen que han hecho los investigadores a personas que han cultivado la auto-compasión a través de técnicas meditativas, ha encontrado que  su práctica prolongada está asociada al desarrollo de nuevos canales neuronales (Lutz et alii 2008). Se centra en perder el hábito del rechazo volviendo una y otra vez con bondad al dolor que experimentamos en ese preciso momento. No podemos elegir si vamos a encontrar pena o dolor en nuestras vidas, no podemos elegir si participar o no en la vida de nuestro cuerpo y de nuestra mente, solamente podemos elegir como afrontar esos encuentros y nuestra forma de participar en ellos.

Los enfoques basados en mindfulness  para abordar problemas crónicos de salud y la depresión cultivan esta orientación de la mente y del corazón (Kabat-Zinn 1990; Segal, Williams and Teasdale 2002). Al principio del curso cuando se usa el cuerpo como foco de atención, los participantes aprenden a desarrollar una atención sostenida y trabajan con los inevitables apegos y rechazos que surgen. Cuando encuentran dolor se les anima a que lo afronten y lo investiguen con bondad, ecuanimidad, aceptación y paciencia , a que le pongan el felpudo de “bienvenido”, lo mejor que uno pueda. Como  el MBSR y el MBCT están basados en el trabajo de grupo, los participantes ven a los otros experimentando clases similares de dolor, juicio y lucha. Darse cuenta de que lo que uno piensa que es algo único y personal es experimentado por otros, puede ayudar a cultivar un fuerte sentido de  la universalidad del dolor y a comprender que uno no está solo en su sufrimiento. Dawn cuando hacia el bodyscan notaba dolor de mandíbula y de cuello y notaba el comprensible ciclo de rechazo y de juicio que desencadenaba: “Esto lo empeora, este dolor es intolerable.” Durante las primeras semanas, Dawn pudo ver como esta segunda capa de sufrimiento la llevaba a contraer aún más el cuerpo, y que, en particular la tensión de la mandíbula, tendía a difundirse rápidamente hacia la cabeza y acto seguido le venia un principio de migraña. Costó coraje y paciencia, pero con tiempo y llevando compasión a las primeras  sensaciones de dolor en la mandíbula, pudo crear las condiciones para una relajación y apertura que rompieron el círculo que conducía a la segunda capa de sufrimiento. Más tarde durante el curso, era capaz de aplicar esta atención y compasión a sus pensamientos de auto-juicio y sentimientos de vergüenza y a las sensaciones corporales asociadas.

Aunque el cultivo de la autocompasión en los enfoques basados en el mindfulness es algunas veces no directo  – quiero decir que no hay un énfasis explícito en el amor bondadoso o en la compasión a través de meditaciones específicas que cultivan estas cualidades-  el entrenamiento y la orientación del programa de entrenamiento en mindfulness de 8 semanas  sin embargo cultiva la compasión. Hay actualmente investigaciones que muestran que las intervenciones basadas en  la práctica del mindfulness no sólo cultivan la auto-compasión, incluso en ausencia de meditaciones explícitas sobre la compasión, sino que son efectivas en aliviar el sufrimiento en parte porque cultivan la compasión.

Otras muchas terapias psicológicas también tienen como propósito el cultivo de la compasión ya sea de forma implícita o explícita. Como se ha dicho antes, Gilbert ha demostrado que la depresión viene caracterizada por la auto-crítica y la vergüenza. Los resultados preliminares de un programa en el que los terapeutas enseñan a sus pacientes a tratarse a si mismos con amabilidad, a reconfortarse y a aceptarse, han demostrado que este enfoque es, a la vez, aceptable y efectivo con algunos pacientes.

EL PAISAJE DEL SUFRIMIENTO

En la psicología budista, el sufrimiento, que consiste enla experiencia de sufrimiento (aflicción) físico o emocional, es descrito en ocasiones usando el símil de las dos flechas. En este símil se describe la experiencia de una persona que es herida por una flecha, lo que le causa una primera experiencia dolorosa. Es un dolor que puede ser experimentado por cualquiera en una situación similar. La historia continua describiendo la reacción de la persona al dolor, cómo una persona poco consciente (no midfulness) llora o lamenta su suerte, rehusando extirpar la flecha hasta que esté claro de dónde vino, quién la disparó, de qué estaba hecha y porqué fue disparada. Como consecuencia, la persona cae en la desesperación y la angustia, resistiéndose a la experiencia totalmente, culpabilizándose a sí mismo y a todo el mundo y por último languideciendo en el dolor. Tal reacción a la primera fecha añade otra capa de dolor que solo agrava la experiencia inicial del sufrimiento. Lo importante es que esta capa adicional de dolor es opcional. El símil apunta al hecho de que en este modelo reactivo la persona experimenta dos niveles de sufrimiento: el dolor inicial de la primera flecha y el sufrimiento emocional de la reacción (la segunda flecha).

Dawn describe de forma conmovedora este sufrimiento añadido. Su dificultad de salir de la cama, la apatía provocada por la depresión (la primera flecha) se encuentra con su auto-juicio y culpa (la segunda flecha), lo que exacerba y mantiene su depresión. Ella describe de forma vívida el miedo y la aversión que van creciendo dentro de ella, ambos habituales y totalmente comprensibles en la respuesta humana al dolor. La reacción puede ir desde el disgusto a la resistencia, la insensibilidad, la agresión, el juicio y la culpa. En su depresión,  los patrones recurrentes de pensamiento de fracaso personal, inadecuación e inutilidad simplemente refuerzan la aversión. Esto invariablemente, no solo  aumenta el dolor inicial, haciendo más profunda su depresión y su sentimientos de fracaso, sino que paraliza su capacidad de responder con algún grado de bondad y creatividad a los dolorosos sentimientos de tristeza y vacío que experimenta.  Entonces, llegó un  punto en la práctica, en que todo cambió. Dawn se encontró a si misma realmente aceptando su depresión, en lugar de reforzar su poder a través de su pensamiento de “tumbarla ” con vergüenza y juzgándose. El destello de esperanza que ella estaba experimentando le permitió por primera vez probar el sabor de aceptar su situación con conciencia y auto-compasión.

Hay una antigua creencia griega que dice que las únicas personas que merecen compasión son aquellas que no se merecen su sufrimiento. La falta de valoración de uno mismo se combina con patrones habituales de rechazo y culpa que acaban convenciendo a muchas personas que su sufrimiento es culpa suya y una señal de su fracaso e ineptitud. El juzgarse a uno mismo y la vergüenza inhiben que emerja la compasión y, a menudo, aseguran la continuidad y que se solidifiquen la aflicción psicológica y emocional. Para Dawn, el tomarse tiempo libre en su trabajo, le dejo  un vacio que su mente llenaba con la auto-vergüenza (“ He fallado de nuevo, esto prueba que no soy buena en mi trabajo y que he dejado tirados a mis colegas”). Esto hacía que Dawn no contestara al teléfono ni saliera de casa, creando un terreno fértil para la rumiación mental. “Si sólo pudiera averiguar que es lo que ha ido mal”. Esto hizo que considerara sus abstracciones como si fueran realidad y  se solidificaran abortando la posibilidad de abordar el sufrimiento con compasión. En su analogía de las cataratas del Niágara ella quería agacharse y esperar simplemente su caída en la cascada cuesta abajo.

El cultivo de la auto-compasión incluye reexaminar e investigar el núcleo de las creencias de falta de valía, de no merecer ser querido y de imperfección que alimentan los ciclos recurrentes de rechazo  interior y de condena. La auto-compasión incluye aprender a esperar, aproximarse, investigar y deshacer el núcleo de los sistemas de creencias negativas que hemos absorbido de otros o construido sobre la base de experiencias personales de fracaso o rechazo. El hábito de juzgarse a uno mismo duramente sólo sirve para que continuamente reforcemos los sentimientos de ineptitud, desamparo y ansiedad, minando nuestra capacidad natural de aceptación, generosidad y compasión.

La auto-compasión tiene que ver con reestructurar la narración personal. En lugar de que la ansiedad, la depresión o la obsesión sean vistos como fracasos personales y como falta de competencia, son simplemente sufrimiento, mereciendo la misma compasión que tendríamos con cualquiera que sufriera. Gradualmente, descubrimos que la aflicción emocional puede ser abarcada con bondad y generosidad, perdón y aceptación. Este profundo cambio en la relación con el sufrimiento propio empieza por cambiar la visión de ineptitud y fracaso que está bajo la supuestamente corriente sin fin de pensamientos aversivos que constituyen la reflexión depresiva. La compasión no es simplemente una emoción placentera. Es una transformación radical de nuestra visión del sufrimiento y de nuestra visión del “yo”.

Dawn habla del cambio emocional que empezó a hacer  y que fue desde la culpa hasta la aceptación: “Estaba casi bien estar deprimida y empecé a  ayudarme a mi misma de pequeñas formas”.  La depresión, en lugar de ser vista como un enemigo se convirtió en un paisaje en el que ella pudo empezar a cultivar distintas formas de proporcionarse bienestar.  Fue un cambio desde la desesperanza y el desespero -que son parte y componentes de la depresión- a un sentido más confiado de la posibilidad de tener un más amplio abanico de respuestas enriquecedoras. La primera flecha podría ser explorada e investigada. Dawn podía ver su que su pensamiento negativo era originado por un estado emocional depresivo. En lugar de que la depresión fuera una descripción personal de fracaso, abordada con vergüenza y aversión, se convirtió en una experiencia que podía abordarse con bondad y curiosidad.

Con el mindfulness, ella pudo empezar a ver los pensamientos como pensamientos, rompiendo el círculo tóxico que ocurría cuando el pensamiento depresivo era investido con una autoridad que solo reforzaba y hacía más profunda la depresión. Los pensamientos ya no dictaban sus acciones y reacciones.

G. Lewis escribió acerca de su cambio radical en su propia experiencia con la depresión en su obra autobiográfica, Sunbathing in the Rain (Tomando el sol bajo la lluvia) (Lewis, 2002). Cuando finalmente dejó de tratar de escapar de los pensamientos y sentimientos negativos (la lluvia), fue capaz de apreciar la posibilidad de estar plenamente presente en su experiencia, tanto si llovía o no. Esto permitió la posibilidad  de abordar sus pensamientos  y sentimientos negativos con interés, cuidado y curiosidad. Este cambio sutil fue de todo menos pequeño, puesto que le  permitió aprender de la depresión y emprender los cambios necesarios en su vida.

Frente al sufrimiento, cambiar el rechazo por la bienvenida, hacerse amigo de él y aceptarlo es el cambio más radical que una persona puede hacer a nivel emocional y psicológico.. Es un cambio, catalizado por el mindfulness, que consiste en pasar de ser  una víctima desvalida o sufriente a merced de la depresión, a convertirse en un participante del proceso de sanación. Estos primeros pasos para entender el paisaje del sufrimiento son también los primeros pasos para adentrarse en el paisaje de la compasión. G. Lewis escribió acerca de hacer cambios en su vida que incluyeron no volver al mismo trabajo que la había agotado y buscar un trabajo y unos intereses que la recompensaran y nutrieran. Leer el libro de G. Lewis fue muy útil para que Dawn viera que la depresión podía convertirse en una amiga. Dawn era muy afortunada de tener un jefe que la apoyaba. Volvió  al trabajo  de forma gradual y fue capaz de ver por primera vez que muchos de los pensamientos negativos y desagradables que había cultivado sobre ella y sus compañeros eran fabricados por la depresión en lugar de ser valoraciones precisas de la realidad. Con el tiempo, Dawn se dio cuenta  de que como en las Cataratas del Niágara, sus pensamientos y sentimientos turbulentos necesitaban una sabia atención. Ignorar los momentos en que estaba con el ánimo bajo o tenia pensamientos negativos y simplemente “ remar más fuerte” servía de poco para evitar la aparentemente inevitable sensación de ser arrastrada hacía las cataratas. En lugar de eso, aprender a estar atenta y a escuchar los sonidos lejanos del agua, los remolinos y la sensación de la niebla sobre su piel la capacitaban para estar atenta a la situación y responder :” En esas ocasiones necesitaba cuidarme, continuar con mis ejercicios y descansar…y quizás hablar con mi jefe. Lo que necesitaba era remar hacía un afluente que me llevará hacía un rio diferente, lejos de aquel que me conducía inevitablemente hacía las Cataratas del Niágara.”

EL CULTIVO DE LA COMPASIÓN

A través de los enfoques basados en el mindfulness se ponen los cimientos de la compasión. Durante las tres primeras sesiones del curso, se cultiva la atención intencional a través de un amplio abanico de prácticas: el body scan, la atención mientras se camina y se hacen estiramientos y la atención a la respiración. Al tiempo que se desarrolla el “músculo de la atención”, se ponen en evidencia los patrones habituales e impulsivos de pensamiento que están presentes y el rechazo asociado a los estados mentales negativos y juicios. Con el mindfulness se desarrolla una creciente habilidad para quitar autoridad al auto-juicio y a la culpa (que solo sirven para alimentar los pensamientos negativos) y para ver que ocurre cuando abandonamos nuestros patrones habituales de pensamiento. Los clientes desarrollan la capacidad de ser conscientes de su pensamiento y de su respiración, cultivando la atención al momento presente y una mayor conciencia de sus sensaciones. El calendario de momentos placenteros, que los participantes en el curso cumplimentan en la segunda semana, revela una oculta o no reconocida capacidad de aprecio y satisfacción con un mundo no coloreado por la desolación de la depresión. El continuo énfasis sobre la curiosidad, la bondad y el ser amigable desarrollan una habilidad y una base actitudinal que pueden ser llevados a eventos no placenteros cuando surgen, ya sea interiormente o exteriormente.

En la segunda mitad del curso, mindfulness y compasión son utilizados para resistir las recaídas en la depresión, así los pacientes pueden generar respuestas hábiles en el  preciso momento en que saltan las primeras señales de alarma de una posible recaída en la depresión. Finalmente, las sesiones de grupo basadas en un enfoque mindfulness revelan a cada participante que la depresión no es un fallo personal, sino una aflicción que asedia a muchos seres humanos.

En la psicología budista se afirma que la mente es la precursora de todas las cosas. Cuando la mente es moldeada por la depresión, la depresión se convierte en la precursora de todas las cosas, incluyendo la propia auto-imagen, las percepciones y las conductas. Todos los pasos del programa MBCT de ocho semanas, están diseñados para provocar cambios cognitivos, un cambio en la visión y en la comprensión del yo, que alternan procesos de pensamiento, hábitos y conductas (Segal et al. 2002). Igualmente, la psicología budista afirma que la mente existe en un estado de potencialidad, siendo conformada y moldeada por los estados mentales, las intenciones, los hábitos, los pensamientos y por cualquier cosa con la que se identifique en el momento (Feldman 1998).

En los programas MBCT los clientes emprenden numerosos pasos: aprenden a ser conscientes de su mente y de los patrones que sigue la misma, a instilar bondad y un sentimiento de amistad en lugar de juzgar y presentar resistencia, y se dan cuenta de la libertad innata de la mente a través de la percepción de los patrones habituales que perpetúan el sufrimiento. Lo anterior da forma al sufrimiento, abre un diálogo con él y ofrece un vía alternativa para responder al dolor y sanar el sufrimiento.

La compasión sólo tiene una dirección que es sanar el sufrimiento. La compasión tiende a ser un territorio extraño para mucha gente con historial de depresión. Es una habilidad que puede ser aprendida y va acompañada por una actitud que puede ser cultivada al mismo tiempo. Hay tres importantes cambios cognitivos que ocurren cuando se desarrolla la habilidad de la compasión y que permiten que una persona pueda dar un giro desde el rechazo (aversión) hasta la compasión.

El primer cambio es el cultivo de mindfulness (atención plena), aprendiendo a manejar el pensamiento  y las actitudes depresivas con bondad en lugar de con culpa, y practicando esto una y otra vez. Se trata de ser capaz de preguntar “qué necesita esto” en lugar de “cómo puedo librarme de esto”. Es el principio para entender que la depresión es una aflicción que se merece compasión como cualquier otra enfermedad o condición física crónica. Como Dawn descubrió en su viaje para salir de la depresión, lo que nosotros cultivamos (alimentamos) en nuestras mentes y en nuestras vidas es una elección. Es una elección que sólo puede ser hecha cuando somos conscientes de nuestras mentes y de nuestras vidas.

El segundo es que se desarrolla la capacidad de ver un pensamiento como un pensamiento, una emoción como una emoción, un hábito como un hábito y empezar a considerar el “yo” como fuera del proceso. Aprender que la aflicción puede ser tolerada y tratada amistosamente en lugar de temida, es la raíz de la confianza interior, una cualidad que está ausente en el pensamiento depresivo. Es un cambio para ser capaz de ver la tristeza, el miedo, la soledad y la duda como sucesos impersonales que simplemente aparecen en un momento dado dentro del campo de la conciencia, más que estados personales centrados en “mi”, como en “estoy triste, solo y preocupado.”

Tercero, al rebajar la preocupación sobre el “yo” y la identificación a través del mindfulness, se cultiva -inevitablemente- una creciente conciencia de la universalidad de la aflicción y del dolor humano. Durante las conversaciones de grupo en las clases, la gente escucha y oye el dolor que sufren los otros, y se ven y sienten ellos mismos reflejados en los ojos, en las vidas y en los corazones de los otros participantes. Al mismo tiempo, como parte tanto de la  práctica de la meditación como de las conversaciones en clase, los alumnos se interrogan profundamente sobre su propia experiencia y sobre la de los demás. Aprender a escuchar al otro sin culpa sino con ternura y cuidado, es una habilidad que informa la forma en que nos escuchamos a nosotros mismos. La gente que ha participado en las clases de mindfulness ha comentado como este proceso grupal fue un aspecto clave que les ayudó a cambiar (Allen et al. 2009).

En las prácticas de mindfulness destacamos un variado abanico de formas para  desarrollar la compasión, basadas en las habilidades básicas de una escucha atenta y receptiva, de la no identificación, la empatía y la tolerancia a la aflicción. La compasión descansa igualmente en el conocimiento de que nuestro deseo de liberarnos del dolor y de la aflicción es ampliamente compartido por todos los seres vivientes. La compasión no tiene jerarquías: las aflicciones de la mente son tan importantes como las del cuerpo, las pérdidas y las penas son parte de cada vida humana. Todas ellas son merecedoras de compasión. El papel del profesor de mindfulness es instrumental para permitir a los participantes poder prestar atención a su sufrimiento y cultivarla compasión. El profesor necesita primero, y ante todo, haber cultivado  la compasión hacia su vida y experiencias vitales a través de su práctica de mindfulness. Este aprendizaje experimental es un pre-requisito para enseñar a los otros y es experimentado por los participantes como la personificación de un profesor que “anda el camino”. Esta concepción integral impregna la forma de enseñar las prácticas de mindfulness; sustenta la investigación a nivel individual y grupal y la universalidad de la experiencia cala en el grupo.

CONCLUSIÓN

En este trabajo hemos definido la compasión como la capacidad de afrontar el dolor con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. La depresión es un paisaje que viene caracterizado por la aversión, las opiniones negativas y el juicio y que excluye la compasión. Cuando la compasión se cultiva hay un deshielo que permite la sanación, la sensibilidad y un surtido de retrolimentación  y de conductas o comportamientos  hábiles que deshacen el patrón de recaídas en la depresión y que construyen la resiliencia personal.

Cuando acabaron las clases de mindfulness, Dawn escribió en su formulario de comentarios:

“Era como si mi mente creará un abismo de sufrimiento, repitiendo todas las cosas malas que habían sucedido, siempre preocupada sobre lo que podía pasar, no encontrándome bien dentro de mi piel. Fue como si mi corazón me aportara un camino para cruzar el abismo”.

Fuente: Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, May 2011

 

Traducido por María José Rodrigo, revisión de Dokushô Villalba, para el blog “Atención Plena y Ciencias Contemplativas”, octubre 2015.

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