fbpx

MBSR: medios habiles y mapas (3 de 7)

por Jon Kabat-Zinn
Contribución al número especial de Budismo Contemporáneo, Volumen 12.

sunrise

Parte 3: Previendo lo posible

Comencé lo que originalmente fue llamado el Programa de Reducción de Estrés y Relajación en septiembre de 1979. No salió de la nada… hubo muchos años previos de reflexionar y meditar, deambulando hacia adentro y hacia afuera antes de que surgiera como una posibilidad en mi mente. Una vez establecida en el hospital, en unos pocos años, se puso nombre a la Clínica de Reducción de Estrés para normalizarla, haciendo hincapié en que se trataba de un servicio clínico en el Departamento de Medicina, como cualquier otro. Nos sentíamos orgullosos de los nuevos paneles del hospital que mostraban el camino hacia nuestra clínica, un pequeño indicador de habernos integrado en la corriente principal de la atención sanitaria. Más tarde, cuando más y más programas comenzaron a formarse sobre la base de nuestro trabajo, llegamos a hablar de nuestro trabajo en una forma más genérica como MBSR, o Reducción del Estrés Basado en Atención Plena. Como se relata a continuación, desde el comienzo, fue motivada por un fuerte impulso por mi parte para llevar mi práctica de Dharma en consonancia con mi vida laboral, en un todo unificado, como expresión de un modo de vida correcto y al servicio de algo útil, que sentía como algo muy necesario para el mundo.

Como estudiante graduado en el MIT (1964-1971), yo había estado reflexionando durante años sobre «cual es mi tarea con T mayúscula», mi «asignación kármica» en el planeta, por decirlo así, sin excederse con mucho de nada. Fue un koan personal para mí y se hizo más y más un nexo de continuidad en mi vida día y noche, que se desarrolló en esos años. «¿Qué se supone que debo hacer con mi vida?», Seguí preguntándome a mí mismo. «¿Qué me gusta tanto que pagaría por hacerlo?» Yo sabía lo que no quería: «Continuar una carrera en biología molecular, por mucho que amaba la ciencia y sabía que sería decepcionante para mi director de tesis en el MIT, el Premio Nobel Salvador Luria, y para mi padre, él mismo un científico consumado. De todos los lugares inverosímiles mi primer contacto con el Dharma ocurrió en el MIT, en 1966, y a partir de ese momento comencé una práctica de meditación diaria (Kabat- Zinn, 2005a, Kabat-Zinn, 2005b). Mientras tanto, hice lo que pude para encontrar trabajo, sobre todo después de casarme y haber formado una familia con mi esposa, Myla. Eso incluyó dos años como miembro de la facultad en el Departamento de Biología de la Universidad de Brandeis enseñando genética molecular y ciencias para el curso de carreras no científicas (lo que fue una oportunidad para enseñar meditación y yoga como vías para una experiencia en primera persona de la biología), y a continuación un período como director del Centro Zen de Cambridge bajo el maestro Zen coreano, Seung Sahn, en el que también fui su alumno y maestro en formación del Dharma. También estaba impartiendo clases de yoga consciente semanalmente en una iglesia en Harvard Square, y explorando otras cosas, como ofrecer entrenamiento ocasional de meditación y talleres de yoga / estiramiento para atletas, especialmente corredores.

En 1976, me fui a trabajar a la prácticamente nueva Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts [1]. Al mismo tiempo, mi koan acerca de lo que se suponía que debía hacer realmente con mi vida en términos de subsistencia correcta se estaba desarrollando en un segundo plano. En un retiro vipassana de dos semanas en la Insight Meditation Society (IMS) en Barre, Massachusetts, en la primavera de 1979, mientras estaba sentado en mi habitación una tarde sobre el día diez del retiro, tuve una «visión» que duró unos diez segundos. Realmente no sé cómo llamarlo, por lo que lo llamo una visión. Era rica en detalles y más bien como una instantánea e intensa impresión, así como de sus inevitables conexiones e implicaciones. No vino como una ensoñación o un flujo de pensamiento, sino como algo muy diferente, que hasta el día de hoy no puedo explicar completamente, y no siento la necesidad de hacerlo. Vi en un flash, no sólo un modelo que podría ponerse en práctica, sino también las implicaciones a largo plazo de lo que podría suceder si la idea básica era escuchada y aplicada en un entorno de prueba – a saber, que pudiera iniciar nuevos ámbitos de investigación científica y clínica, y se extendería a hospitales y centros médicos y clínicas de todo el país y de todo el mundo, y proporcionar medios de vida adecuado para miles de practicantes. Debido a que fue tan extraño, casi nunca he mencionado esta experiencia a otras personas. Pero después de ese retiro, tuve una idea más clara de cual podría ser mi tarea kármica. Fue tan convincente que me decidí a adoptarlo de todo corazón lo mejor que pudiera.

Casi todo lo que vi en esos diez segundos se ha cumplido, en gran medida gracias al trabajo y el amor de todas las personas que encontraron su camino en la Clínica de Reducción de Estrés, una vez que ésta nació, y gracias también a sus ganas de contribuir con sus propias y únicas trayectorias kármicas y con su amor a esta empresa de MBSR entonces naciente, y luego después en continuo desarrollo, y al bienestar y a la longevidad que eran siempre de alguna manera provisionales e inciertas, debido a los caprichos de las políticas de las escuelas de medicina y de los hospitales (un pie sobre un patín de ruedas, el otro en una cáscara de plátano, solía yo decir)

Se me ocurrió en ese momento fugaz de la tarde en la Insight Meditation Society que sería una digna obra simplemente compartir la esencia de las prácticas de meditación y el yoga tal y como las había aprendido y practicado hasta aquel momento durante 13 años, con aquellas personas que nunca vienen a un lugar como IMS o a un Centro de Zen, y que, por tanto, nunca podrían descubrir esta esencia a través de las palabras y las formas tal y como se empleaban en aquellos días en los centros de meditación o de yoga, que eran pocos y distantes entre sí, y además muy ajenos.

Un torrente de pensamientos a partir de ese prolongado momento completó el cuadro. ¿Por qué no tratar de hacer la meditación tan de sentido común que cualquier persona se sintiera atraído por ella? ¿Por qué no desarrollar un vocabulario Americano [2] que expusiera el corazón del asunto, y no se centrara en los aspectos culturales de las tradiciones en las que el Dharma había surgido, por más hermosas que pudieran ser, o en seculares debates académicos acerca de sutiles distinciones en el Abhidharma? Esto no era porque en última instancia no fueran importantes, sino porque probablemente causarían obstáculos innecesarios para las personas que básicamente se ocupan del sufrimiento y buscan algún tipo de alivio para el. Y, ¿por qué no hacerlo en el mismo hospital del centro médico donde yo estaba trabajando en ese momento?

Después de todo, los hospitales funcionan como «imanes de sufrimiento» en nuestra sociedad [3], recogiendo enfermedades, dolencias, estrés y dolor de todas las clases, especialmente cuando han alcanzado niveles donde es imposible hacer caso omiso de ellos (Kabat-Zinn, 2005c). ¿Qué mejor lugar que un hospital para poner el Dharma a disposición de la gente de forma que ellos pudieran, mediante una invitación cordial y práctica, entender y a la vez ser inspirados a explorar la posibilidad de hacer algo por sí mismos como un complemento a sus tratamientos médicos más tradicionales ya que toda la razón de ser del Dharma es dilucidar la naturaleza del sufrimiento y sus causas profundas, así como proporcionar un camino práctico para la liberación del sufrimiento? Y todo esto para realizarse, por supuesto, sin siquiera mencionar la palabra «Dharma».

 

[1] Me fui a trabajar como investigador asociado y, más tarde, miembro post-doctoral en el Departamento de Anatomía y Biología Celular, en el laboratorio de un compañero llamado Rob Singer, quien ahora está en el Albert Einstein College of Medicine. Elegí ese empleo porque necesitaba trabajar, teníamos una conexión indirecta del MIT, y, para endulzar el acuerdo, me prometió que yo también podría participar en la enseñanza de anatomía macroscópica a los estudiantes de primer año de medicina, lo que significaba estar un paso por delante de los estudiantes para hacer las disecciones de cadáveres reales. Como profesor de yoga y también como alguien que estaba interesado en lo que se conoce como “maranasati” o mindfulness de la muerte, aquello era una experiencia de «morir por». Y así me fui a trabajar en el laboratorio de Rob. La historia de fondo es que me reuní con Rob originalmente por sugerencia de alguien que, yo no lo sabía, pero que se presentó como un amigo de uno de mis hermanos, y luego procedió a decirme lo que debía hacer con mi vida, como si él supiera mejor que yo, que era lo más correcto que jamás yo pudiera imaginar. Su nombre era Earl Etienne. Era un joven profesor de fisiología en Universidad de Massachusetts Medical School, sabio y mundano, un ser realmente increíble Muchos años después, se presentó en una serie de rondas médicas que di sobre MBSR en el California Pacific Medical Center. Lo vi entre la audiencia y espontáneamente le dediqué la conferencia y expresé públicamente mi gratitud por su papel fundamental de catalizador de mi presencia en la Universidad de Massachusetts en primer lugar. Si yo no hubiera estado allí, es poco probable que MBSR, por lo menos como está configurado actualmente, hubiera llegado al mundo. Para mí, este es uno de un número infinito de ejemplos de la interconectividad de todo lo que emerge, y de lo inútil que es tratar de materializar una entidad independiente que siente la necesidad de reclamar el crédito individual para cualquier manifestación compleja. Puede ser correcta en la medida que funciona, pero nunca es toda la historia. Tal vez cualquier historia es tan compleja que no puede ser completamente conocida. Trágicamente, Earl Etienne murió joven varios años más tarde.

[2] Pensé en esos términos en el momento. Ahora no estoy muy seguro de qué adjetivo utilizar. Secular puede servir, excepto que parece dualista, en el sentido de separarse de lo sagrado. Veo el trabajo de MBSR como algo sagrado, así como secular, en el sentido de que tanto el Juramento Hipocrático y el Voto de Bodhisattva son sagrados, y también lo son la relación médico / paciente y la relación profesor / alumno. Tal vez necesitamos nuevas formas de «expresar» nuestra visión, nuestras aspiraciones, y nuestro trabajo común. Sin duda, es sólo una cuestión «americana» en los EE.UU. Cada país y cada cultura tienen sus propios retos en la adaptación del lenguaje a la propia esencia de su corazón, sin desnaturalizar la integridad del Dharma.

[3] Los hospitales no son los únicos imanes de sufrimiento en la sociedad: escuelas, prisiones y ejército también podrían ser descritos de esta manera. Actualmente hay cada vez más movimientos para llevar mindfulness a la educación primaria y secundaria (Kaiser-Groenlandia, 2010; Burnett y Cullen, 2010; Grossman, et al 2010), al ejército (Jha, Stanley, Kiyonga, et al, 2010; Stanley y Jha, 2009; Stanley, Schaldach, Kiyonaga, y Jha, 2011), y a las cárceles (Samuelson, Carmody, Kabat-Zinn, y Bratt, 2007; Phillips, 2008; Menahemi y Ariel, 1997) «

 

Traducción del equipo de traductores de la EAP y la extinta web Atención Plena y Ciencias Contemplativas, revisión de Dokushô Villalba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × tres =