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MBSR: medios habiles y mapas (5 de 7)

por Jon Kabat-Zinn
Contribución al número especial de Budismo Contemporáneo, Volumen 12.

Parte 5: la ética del MBSR

La pregunta que se plantea a veces sobre el fundamento ético de MBSR es la siguiente: ¿Estamos haciendo caso omiso del aspecto fundamental del Dharma en favor de sólo unas pocas técnicas de meditación muy seleccionadas descontextualizando, una vez más, los elementos de una totalidad coherente? Mi opinión es que no. En primer lugar, es inevitable la responsabilidad personal de cada persona involucrada en este trabajo para ocuparse con cuidado e intencionalidad a la forma en que realmente estamos viviendo nuestras vidas, tanto personal como profesionalmente, en términos de comportamiento ético. La conciencia de la propia conducta y de la calidad de nuestras relaciones, interna y externamente, en cuanto a su potencial para causar daño, son elementos intrínsecos del cultivo de la atención plena tal como la describo aquí.

Al mismo tiempo, me parece que el fundamento ético está naturalmente integrado en la estructura y configuración de MBSR de varias maneras diferentes. Por ejemplo, en el contexto de la medicina y el cuidado de la salud, disponemos ya de un profundo y profesional código de conducta en la tradición hipocrática, fundado en el principio de primum non nocere, primero no hacer daño, y poner las necesidades del paciente por encima de las nuestras propias. Tales principios son axiomáticos y fundamentales en el contexto de MBSR, tanto si se ofrece en un hospital como en otro lugar. Por supuesto un cierto grado de atención plena es necesario incluso para sentir que uno en realidad podría estar haciendo daño, ya sea por acción o, más sutilmente, por omisión.

También alentamos un ambiente de trabajo en la clínica y en el Centro de Mindfulness en el que no sólo dependemos de nuestra propia conciencia, sino también de la conciencia de los demás, y de su sinceridad, y disposición para comunicarse acerca de las circunstancias difíciles, para mantenernos honestos individual y colectivamente. Está construido sobre el tejido de cómo vemos nuestro trabajo y compromiso con nuestros pacientes, nuestros colegas y nosotros mismos. Por otra parte, como se señaló anteriormente, el Juramento Hipocrático, en cierto sentido, se refleja en el Voto de Bodhisattva para ocuparse completamente del sufrimiento y la liberación de un número infinito de seres antes de atender la propia. Desde la perspectiva no-dual, el número infinito de seres y uno mismo no están separados, y nunca lo estuvieron. Esta perspectiva puede y debe ser tomada en serio y sostenida con suavidad por explícitas intenciones con respecto a cómo nos comportamos tanto interior como exteriormente.

De esta manera, y también por razones culturales que tienen que ver con algo tan común en nuestra sociedad como profesar una postura moral hacia el exterior que no se corresponde con la vida interior, parece apropiado en nuestro entorno que el fundamento ético de la práctica sea más implícito que explícito, y que puede ser mejor 20 expresado, sostenido y favorecido por la forma en que el instructor MBSR y todo el personal de la clínica, lo encarnamos en nuestras propias vidas y también por el modo cómo nos relacionamos con los pacientes, los médicos, el personal del hospital, todo el mundo y, por supuesto, cómo nos relacionamos con nuestra propia experiencia interior. En última instancia, la responsabilidad de vivir una vida ética recae sobre los hombros y los corazones de cada uno de los que elegimos trabajar en intervenciones basadas en mindfulness. También es una responsabilidad de Dharma distributivo. Y la primera línea de defensa en cuanto al potencial de transgresión o traición es siempre la conciencia de las propias motivaciones y emociones, y de las tendencias universales de codicia, aversión, ilusión, y «narcisismo» que tan fácilmente pueden colorear nuestros momentos y cegarnos a las causas profundas del sufrimiento, haciendo que podamos estar participando en ello sin darnos cuenta.

Siempre me ha parecido que MBSR está en lo mejor y más saludable cuando la responsabilidad de asegurar la integridad, la calidad y los estándares de la práctica se asume por el propio instructor o instructora de MBSR. Que no es para convertirlo en un ideal o una carga, sino más bien para hacerlo muy real y cercano a nuestra experiencia cotidiana, honrada en la conciencia con amabilidad y discernimiento. En mi experiencia, que es ciertamente limitada y circunscrita, asumir y encarnar esta responsabilidad es lo que ha sucedido con los profesores MBSR de todo el mundo en un grado extraordinario. A mi juicio, cuando cada uno de quienes nos preocupamos por este trabajo, de quienes amamos este trabajo, se responsabiliza del Dharma a través de su propia práctica y de su amor, entonces el Dharma que está en el corazón de este trabajo prospera y se hace cargo de sí mismo. Cuidado por cada miembro de la Sangha de instructores, por los practicantes, por los investigadores, por todo el mundo… se define una responsabilidad distribuida que se convierte en una gran alegría y en una invitación permanente para que no exista separación entre la propia práctica y la vida de uno mismo. Algunos maestros de mindfulness que también son médicos han caracterizado a esta postura como la base de la profesionalidad en medicina y audazmente señalan su potencial para el desarrollo de un sistema de salud más compasivo, menos estresado y menos propenso a errores (Epstein, 1999; Krasner, Epstein, Beckman, et al, 2009; Sibinga y Wu, 2010).

 

Traducción del equipo de traductores de la EAP y la extinta web Atención Plena y Ciencias Contemplativas, revisión de Dokushô Villalba.

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