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MBSR: medios habiles y mapas (7 de 7)

por Jon Kabat-Zinn
Contribución al número especial de Budismo Contemporáneo, Volumen 12.

Parte 7: nota para instructores de Mindfulness

En primer lugar, quiero decir que no hay nada malo con los mapas. Me encantan los mapas, y puedo estudiarlos minuciosamente durante horas. Son increíblemente útiles, en ocasiones absolutamente esenciales, y para algunas personas puede ser maravillosamente placentero contemplarlos sin cesar. Yo soy una de esas personas. Tal contemplación puede conducir a una gran comprensión. Pero, como dice el refrán, los mapas no son el territorio. Esto es muy relevante para la enseñanza de MBSR y de otras intervenciones basadas en mindfulness.

Puesto que todas las intervenciones basadas en mindfulness se asientan en el entrenamiento relativamente intensivo en la conciencia dentro del contexto del dharma universal (y como he estado afirmando aquí, no diferente de cualquier forma esencial del Buddhadharma), los diferentes mapas del territorio del dharma pueden ser de gran ayuda para el instructor MBSR de varias maneras. Paradójicamente, también pueden ser problemáticos y suponer una gran interferencia. El mayor problema es que no sólo el mapa no es el territorio, sino que puede obstruir seriamente nuestra capacidad como instructores de mindfulness para ver y comunicar de manera original y directa acerca del territorio, – una transmisión directa por así decirlo, fuera de las enseñanzas formales y, por tanto, una materialización del currículo real. Nuestro mapa interno, si no somos conscientes de ello, o estamos muy identificados con él, puede imponer involuntariamente un sistema de coordenadas para el paciente / participante que puede llevar a idealizar un objetivo que debe ser alcanzado o realizado, en lugar de permitir la realización y consecución del cuidado de sí mismos.  Nuestro trabajo consiste en cuidar el territorio de la experiencia directa en el momento presente y el aprendizaje que se obtiene con ello. Esto sugiere que el instructor está continuamente dedicado a cartografiar el territorio internamente a través del contacto y discernimiento íntimo en primera persona, momento a momento, mientras mantiene en la mente, al mismo tiempo, los mapas formales del territorio del dharma en cualquier grado que nos pueda parecer valioso, pero sin confiar en ellos explícitamente como la estructura, el vocabulario, o el vehículo para trabajar con lo que sea más sobresaliente e importante en el aula en cualquier momento. Algo de esto se basaba naturalmente en el pensamiento, pero una buena parte estaba más basada, más encarnada, más emanada de la intuición y de la espaciosidad del no conocimiento, que de un saber exclusivamente conceptual. Esto puede ser un gran desafío a menos que los mapas formales del dharma estén profundamente arraigados en nuestro ser a través de la práctica, no meramente de forma cerebral y cognitiva.

Por ejemplo, en el contexto de la seguridad emocional que intentamos establecer en el aula MBSR, sugerimos que la persona mire directamente a la experiencia del dolor y tome conciencia de las sensaciones en el cuerpo, cualesquiera que sean. Simplemente descansar en esa conciencia sin tener que hacer nada lleva a la persona directamente a practicar con mente de principiante. No es necesario un mapa. Sólo la invitación a mirar y tal vez ver, escuchar y tal vez oír, notar y tal vez sentir, y así cultivar una familiarización o intimidad exquisita con la experiencia real tal como se despliega. Por supuesto, se trata de un acto radical, y se necesita una gran cantidad de apoyo y orientación para mantener a las personas comprometidas con la práctica, al principio incluso por breves momentos, y es así porque las intervenciones basadas en mindfulness, como MBSR, se ofrecen en un contexto de grupo como «cursos» durante un período prolongado de tiempo, con el fin de dejar sólo una curva de aprendizaje, profundizar en estabilidad y desarrollar una visión dentro un contexto de apoyo total, que no es otro que la Sangha (Santorelli, 1999). En el caso del dolor, el instructor podría, como a menudo hacemos en el aula MBSR para reforzar la motivación de los participantes y la comprensión del potencial transformador de la conexión mente / cuerpo, citar como apoyo las evidencias recientes, en este caso a partir de estudios tales como los que muestran que (1) Meditadores Zen muestran cambios estructurales del cerebro (en términos de espesor cortical) relacionados con la disminución de la sensibilidad al dolor térmico en las regiones cerebrales relacionadas con el dolor utilizando fMRI (Grant, Courtemanche, Duerden, et al, 2010) y (2) que a largo plazo los meditadores que utilizan un enfoque abierto de atención, es decir, que dan la bienvenida para cualquier cosa que surja en el campo de la conciencia, lo que llamamos conciencia sin elección en MBSR, mostraron reducciones en la percepción de lo desagradable, pero no de intensidad en respuesta a una estimulación de dolor térmico (Perlman, Salomons, Davidson y Lutz, 2010).

No lleva mucho tiempo a los principiantes en la práctica de mindfulness observar que la mente pensante tiene vida propia, y que puede distraerse tanto de la atención desnuda a las sensaciones en el cuerpo como de la habilidad de descansar en la conciencia de lo que surge. Pero con el tiempo, práctica continua, diálogo e instrucciones no es raro, incluso para los practicantes principiantes, ver espontáneamente por ellos mismos, o cuando se señala, que en efecto la mente tiene vida propia y que cuando cultivamos y estabilizamos la atención en el cuerpo, aunque sea un poco, con frecuencia obtenemos como resultado la comprensión de la naturaleza siempre cambiante de las sensaciones, incluso de las muy desagradables y, por tanto, de su impermanencia. También da lugar a la experiencia directa de que «no soy mi dolor» y por lo tanto la opción de no identificarse no sólo con las sensaciones, sino tampoco con las exaltadas emociones que le acompañan, ni con los pensamientos que pueden derivarse al prestar atención y juzgar la experiencia. Así llegamos a intimar con la naturaleza de los pensamientos, de las emociones y de estados mentales como la aversión, la frustración, la inquietud, la codicia, la duda, la pereza, la apatía y el aburrimiento, para nombrar unos pocos, lo que constituye el territorio del tercer fundamento de la atención, sin tener que mencionar el mapa clásico de los cuatro fundamentos de la atención, ni los cinco obstáculos, ni los siete factores de la iluminación.

Por lo demás, cuando se trabaja con personas en un entorno médico o psicológico, el uso de «estrés» y la sugerencia (como marco básico de invitación) de que es posible «la reducción del estrés», podemos sumergirnos en la experiencia de dukkha (sufrimiento) en todas sus manifestaciones, sin mencionar nunca dukkha; ni sumergirnos directamente en las fuentes últimas de dukkha, y sin necesidad de mencionar en ningún momento la etiología clásica, y pudiendo a la vez investigar de primera mano el deseo y el apego, pudiendo investigar también la posibilidad de aliviar esa angustia o sufrimiento (cese), y pudiendo finalmente explorar de forma empírica una vía posible para hacerlo (la práctica de la meditación consciente en general, incluyendo la actitud ética de sila, los fundamentos de shamatha, y, por supuesto, prajna, la sabiduría – el noble sendero óctuple) sin tener que hablar de las Cuatro Nobles Verdades, el Noble Sendero Óctuple, o sila, shamatha, o prajna. De esta manera, el dharma se revela a sí mismo a través del cultivo hábil y ardiente de las prácticas formal e informal en un contexto de apoyo, diálogo, investigación y enseñanza. Podemos hablar y reforzar la atención a la experiencia del cambio y la impermanencia, ya que son evidentes, y desarrollar una apreciación colectiva de ambos al implicarnos en los diálogos y conversaciones entre los participantes de la clase. La ley de la impermanencia se revela sin necesidad de hacer referencia a un marco budista o sin necesidad de una lente para verlo. Lo mismo es cierto para las cuatro nobles verdades (tal vez mejor dicho de las cuatro realidades) (Gethin, 1998). Lo mismo es cierto para anatta aunque éste concepto es más complicado y temible, y necesita que se lleve a cabo con mucha habilidad y suavidad., dejando que emerja de los propios comentarios de los participantes acerca de su experiencia mejor que declararlo como un hecho. A menudo comienza con la comprensión, nada despreciable, de que «yo no soy mi dolor», «yo no soy mi ansiedad», «yo no soy mi cáncer», etc. Es fácil hacer la pregunta, bueno, entonces, ¿quién soy yo? Este es el núcleo de la práctica del Chan chino (Sheng Yen, 2001), del Zen coreano (Buswell, 1991; Seung Sahn, 1976), del Zen japonés, (Kapleau, 1965;), y también de Ramana Maharshi (1959). Nada más se necesita…. Sólo la pregunta y la interrogación… la indagación e investigación de naturaleza de sí mismo, no sólo a través del pensamiento, sino a través de la conciencia misma. [1]

De la misma manera, podemos ser amorosos y compasivos como maestros / instructores / y guías, e introducir prácticas para cultivar la bondad, sobre todo hacia uno mismo en tiempos de crisis y convulsión mental, así como la compasión, la alegría y la ecuanimidad, sin ninguna mención a los Cuatro Inmensurables, o sin recurrir necesariamente a las formas clásicas en que éstas se cultivan. Lo mismo es cierto para la generosidad, la gratitud, y otros estados mentales positivos.

Todo esto es para decir que puede ser muy útil contar con una sólida base personal en el Buddhadharma y en sus enseñanzas, como se sugiere en las secciones anteriores. De hecho, es prácticamente esencial e indispensable para los profesores de MBSR y de otras intervenciones basadas en mindfulness. Sin embargo, poco o nada de esto puede introducirse en el aula, salvo en su esencia. Y si la esencia está ausente entonces todo lo que uno hace, o piensa que está haciendo, no es ciertamente mindfulness, al menos en la manera en que nosotros entendemos el término.

Esto significa que no podemos seguir un estricto enfoque Theravada, ni un estricto enfoque Mahayana, ni un estricto enfoque Vajrayana, aunque algunos elementos de todas estas grandes tradiciones, y de los linajes dentro de ellas, son relevantes y pueden informar acerca de cómo nosotros, como personas únicas con una historia del dharma única, nos acercamos a los momentos específicos de la enseñanza, tanto en la práctica, como en las meditaciones guiadas y en el diálogo sobre las experiencias que surgen durante la práctica formal e informal entre la gente de nuestra clase. Pero no estamos apelando a la autoridad o la tradición, solamente a la riqueza del momento presente sostenida suavemente en la conciencia, y a la autoridad profunda y auténtica de la propia experiencia de cada persona, igualmente sostenida con bondad en la conciencia.

Esta orientación en las intervenciones basadas en mindfulness tiene elementos del enfoque Chan de no-hacer y no esforzarse, el llamado «método de ningún método», y del paradójico diálogo e indagación «duelo dharma» mencionado anteriormente, tan característico de los linajes de Seng-Hui Neng y Ts’an, tercero y sexto patriarcas Zen de la tradición Chan en los siglos sexto y séptimo en China (Lucas, 1974; Suzuki, 1956; Sheng Yen, 2001; Mu Soeng, 2004 ; Kabat-Zinn, 2010). Todos los mapas se dejan a un lado como un acto de amor y sabiduría, lo que significa que ya no tenemos ningún apego a lo que ellos representan, y así somos capaces de ejemplificar y encarnar la esencia del territorio del ser humano en todas sus dimensionalidades, mientras transmitimos a otros a través de nuestra visión directa y del respeto hacia su intrínseca naturaleza de Buda efectivamente existente, ningún lugar hacia el que ir, nada que hacer, y nada que lograr … la puerta de entrada a cualquier realización auténtica. Todo esto es intrínseco a cualquier intervención basada en la atención, lo que podríamos llamar su médula.

Entonces, ¿cómo podríamos entender toda la cuestión de linaje, sobre todo el linaje de sus pacientes y clientes, debido a que su linaje es muy probable que comience con usted, su maestro? ¿Qué entiende usted como su propio linaje? ¿Qué sustentó su práctica del Dharma y su entendimiento inicial? ¿Qué les sustenta ahora?  Tal vez el dharma, en su sentido y expresión más amplia y más universal es su linaje, independientemente de las particularidades de su historia dharma. La manera más hábil puede requerir que usted asuma la responsabilidad de la totalidad del dharma, sin decir palabra, tal vez con una sonrisa interior, no de autosatisfacción o de secreto o de logro de algo, sino de alegría porque el linaje real es sin forma. Y con ojos virtuosos y un corazón bondadoso saber que, literalmente, todo y todo el mundo es ya el Buda, es ya los patriarcas, es ya el dharma, es ya tu maestro. No tienes nada que hacer, excepto darlo, y la única manera de hacerlo es a darte a ti mismo. No se cobra por ello, él y tú ya sois gratuitos.

…. viéndote a ti mismo en tu vida diaria con despierto interés, con la intención de comprender en lugar de juzgar, con total aceptación de lo que pueda surgir, ya que está aquí, estimulando lo profundo para traerlo a la superficie y enriquecer así tu vida y tu consciencia con tus energías cautivas. Esta es la gran obra de la conciencia. Elimina los obstáculos y libera las energías mediante la comprensión de la naturaleza de la vida y la mente. La inteligencia es la puerta hacia la libertad y la atención alerta es la madre de la inteligencia.

Nisargadatta Maharaj (1973)
[1] Los estudios de MBSR sugieren que el entrenamiento de la atención plena puede influir y modular diferentes modos de auto-referencia en redes anatómicamente distintas, una medial y otra lateral, dentro de la corteza cerebral (Farb, Segal, Mayberg, et al, 2007). Tales hallazgos pueden contribuir, en última instancia, a una mayor comprensión en psicología del término «yo» y de sus significados, y por lo tanto a una nueva y más profunda apreciación de sus manifestaciones funcionales y de su naturaleza relativa y dinámica. Esto en sí mismo podría transformar el campo de la psicología.

 

Traducción del equipo de traductores de la EAP y la extinta web Atención Plena y Ciencias Contemplativas, revisión de Dokushô Villalba.

 

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