fbpx

Mindfulness y Psicoterapia

" alt="fotos antiguas"/>

Extraído del trabajo fin de Master Universitario en Psicología General Sanitaria “Empatía y Mindfulness: un estudio correlacional. Implicaciones para la psicoterapia”, de Rafael Agustín Pérez Yagüe, Universidad Europea.

Reproducido con permiso del autor.

El mindfulness a debate

El auge de publicaciones científicas sobre mindfulness[1] (Tovar y García-Campayo, 2017) y su uso, a veces indiscriminado por parte de las empresas[2] ha levantado la voz de alerta en algunas personas conocedoras de la materia dado que se puede correr el riesgo de convertir esta práctica milenaria como una moda y una herramienta más al servicio del consumo, y alejada de sus componentes éticos. Según Grossman (2011), la forma en la que el mindfulness es medido y enseñado hoy día en occidente no correspondería con el budismo original, y esa distorsión implicaría una pérdida de oportunidades de confrontación y enriquecimiento mutuo entre occidente y los paradigmas de la psicología budista (Bayot Vermeulen, Kever y Mikolajczak, 2020). Ron Purser y David Loy en su artículo Beyond McMindfulness[3] declaraban que, si bien, separar el mindfulness de su contexto religioso es comprensible, la urgencia de acomodar la atención plena a una técnica de mercado puede conllevar una desnaturalización de la práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar jaquecas o ayudar a ser más productivos (Purser y Loy, 2013).

Tanto Purser y Loy (2013) como Villalba (2018) distinguen, desde el ángulo de la tradición budista, entre miccha sati (atención plena incorrecta) y samma sati (atención plena correcta). ¿En qué se diferenciarían pues ambas prácticas? Para Purser y Loy no se trataría de una distinción desde lo moral, sino más bien si la calidad de nuestra consciencia tiene intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a quien la practique hacia el bienestar, tanto de uno como de los demás (Purser y Loy, 2013). Para Villalba, samma sati tendría el propósito de “alcanzar el máximo bienestar y felicidad de uno mismo y de todos los seres vivientes, inspirados por la visión de que la felicidad de los demás es inseparable de la propia, y viceversa” (Villalba, 2018, pp. 46-47). Según Villalba, las definiciones occidentales que existen de mindfulness no se corresponderían con samma sati y tendrían más que ver con “lo que en el budismo tradicional es llamado manasikara, término traducido habitualmente como simple «atención», «implicación mental» y, más comúnmente, como «atención pura»” (Villalba, 2018, p 50). Y añade que “El cultivo del mindfulness-atención pura es valioso de muchas maneras diferentes [···]. Pero es incorrecto equipararlo con la atención plena (sati) [···].” (Villalba, 2018, p. 51). En esa misma línea, el monje budista Mattheiu Ricard habla de la importancia de incorporar la dimensión ética a la atención pura para que realmente sea sati, pues de lo contrario se interpretaría erróneamente que la atención plena también podría ser también la de un francotirador, quien está atento, focalizado en el momento presente y sin juicios, pero obviamente alejado de cualquier tipo de ética (Ricard, 2009). Una práctica éticamente neutra de mindfulness puede hacerla más atractiva para personas con diferentes creencias, pero su capacidad para promover el bienestar colectivo ha sido puesta en entredicho (Chen y Jordan, 2020; Schindler et al., 2019, citado en Guo et al., 2021).

Ahora bien, ¿es posible una práctica de samma sati fuera del contexto religioso del budismo? Parece que así es, siempre y cuando se respeten los principios éticos que están relacionados con la práctica. Para Villalba, “el mindfulness moderno confunde el contexto étnico-religioso con el contexto ético-cognitivo. Al tratar de desligar la atención plena del contexto étnico-religioso, la ha separado también del contexto ético-cognitivo en el que, tradicionalmente, se ha enseñado y practicado” (Villalba, 2018, p. 42). Y añade que el contexto ético-cognitivo[4] tendría que ver con “las cualidades, actitudes, valores, propósitos y objetivos en el que la práctica de la atención plena ha sido y sigue siendo transmitida en las tradiciones budistas” (Villalba, 2018, p. 43).

No obstante, conviene recordar que, pese al exceso de banalización y mercantilización que sufre el concepto mindfulness hoy día, Kabat-Zinn, el introductor de la atención plena en occidente, nos recuerda que además de la importancia de tener en cuenta los 7 fundamentos de la práctica[5], también conviene cultivar “las actitudes de la no violencia, la generosidad, la gratitud, la tolerancia, la amabilidad, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad” (Kabat-Zinn, 2016, p.79-80), y que todas estas cualidades no estarían separadas del resto de fundamentos[6]13. Para Germer y Shapiro et al., (2006) ser consciente del momento presente sin traer calidez, amabilidad y compasión podría ser incluso contraproducente (Fulton y Cashwell, 2015).

La tradición budista identifica cuatro estados emocionales saludables que forman parte de la práctica, que son los llamados en pali Brahma-vihara, o los cuatro inconmensurables (Bayot et al., 2020). Estos serían el amor bondadoso (Metta), que consiste en desear el bien y la felicidad a todos los seres, la compasión (Karuná), que desea la liberación del sufrimiento a todos los seres, la alegría empática (Muditâ) y la ecuanimidad (Upekkha), que consistiría en vernos a todos los seres vivientes como iguales (Villalba, 2018). Estas actitudes emocionales saludables interactuarían y se retroalimentarían entre sí (Villalba, 2018). Para Bayot et al., (2020) la práctica del mindfulness debería estar profundamente entrelazada con estos elementos éticos centrales.

Hemos considerado importante especificar estas cuestiones puesto que, si pensamos que la práctica del mindfulness per se podría fomentar la empatía, cabe preguntarse si la incorporación de los principios éticos que sustentan el “mindfulness correcto” según Villalba, o la incorporación de elementos explícitos basados en los Brahma-vihara[7]14 pueden reforzarla aún más, e incluso tener un efecto mucho mayor sobre la empatía que una práctica sin elementos éticos explícitos. A lo largo del siguiente apartado veremos las investigaciones donde se desarrollará esta cuestión, entre otras.

¿Es la práctica de mindfulness una vía para aumentar la empatía en psicoterapeutas?

Por todo lo señalado previamente, dada la importancia de la empatía en psicoterapia, así como de los efectos beneficiosos del mindfulness, ¿podemos fomentar la empatía en psicoterapeutas mediante la práctica de la atención plena? También podemos plantearnos hasta qué punto ambas variables (empatía y mindfulness) guardan relación entre sí, aspecto sobre el que desarrollaremos la parte metodológica de este trabajo.

Los modelos de desarrollo de la empatía en las profesiones de relación de ayuda enfatizan el entrenamiento sobre la parte observable de la comunicación empática en vez de trabajar sobre los procesos mentales que llevan a la comunicación empática (Greason y Cashwell, 2009). La mayoría de estrategias de intervención para incrementar la empatía en estudiantes y profesionales sanitarios estarían orientados a incrementar las habilidades sociales para actuar de forma empática, sin evaluar la gestión de emociones ni los estados internos del observador (Bellosta-Batalla, Cebolla et al., 2019).

Ser capaz de ser empático requeriría una habilidad de suspender el juicio y los sesgos propios para ponerse en los zapatos del otro. Para suspender el propio juicio y entender el mundo del paciente, el terapeuta debe ser capaz de tolerar las emociones dificultosas de éste además de las emociones dificultosas de sí mismo en lugar de evitarlas o sobre identificarse con ellas (Greason y Cashwell, 2009). Aunque los modelos actuales pueden ayudar a los estudiantes a identificar, comunicar emociones, y actuar como si fueran empáticos, habría una falta de instrucciones específicas sobre cómo suspender la tan humana tendencia a juzgar y evaluar. El foco sobre lo externo y evaluable sin atender a los procesos internos abre una brecha entre la teoría y la práctica en la formación de terapeutas por lo que un número de teóricos han sugerido que el entrenamiento en mindfulness puede ser una herramienta importante para cerrar esa brecha (Greason y Cashwell, 2009).

Davis y Hayes (2011) señalan que la ventaja de las intervenciones basadas en mindfulness para aumentar la empatía es que sería compatible con las diferentes escuelas de psicoterapia porque ayudan a desarrollar una serie de habilidades transteóricas subyacentes a la práctica del oficio (Bellosta-Batalla et al., 2020).

Modelos explicativos y teorías

Existen diversas explicaciones y teorías sobre cómo la atención plena y empatía estarían relacionadas, muchas de ellas basadas en investigaciones previas:

Para Daniel Siegel (2010), la práctica de la atención plena podría considerarse el entrenamiento básico para la mente del psicoterapeuta (Vásquez-Dextre, 2016). Sería importante trabajar a través de mindfulness la presencia (una actitud de flexibilidad, y apertura a lo que suceda) ya que sobre esa presencia lograríamos la sintonía con el paciente y así “llevamos su mundo interior hacia nuestro mundo interior” (Vásquez-Dextre, 2016, p. 49). La presencia y sintonía daría lugar a la resonancia, momento en el que el paciente se siente sentido y se logra la relación terapéutica. La resonancia intrapersonal que facilita mindfulness llevaría a la resonancia interpersonal, componente imprescindible para la alianza terapeuta-paciente (Vásquez-Dextre, 2016).

Los componentes de los que está hecha la atención plena (atención, no juicio, conciencia del momento presente…) pueden ser vistos como cualidades para desarrollar y/o mantener aspectos de la respuesta empática (Block-Lerner et al., 2007). La capacidad de adoptar la perspectiva de otra persona así como el sentir preocupación por otros, elementos centrales en la definición de empatía de Davis (1983), implica una postura hacia los propios pensamientos y emociones, que sería consistente con enseñado en los métodos basados en mindfulness. Estos dos serían los tipos de empatía más aproximados al proceso de funcionamiento de la atención plena (Block-Lerner et al., 2007). Brems et al., (1992) hablan de la relación recíproca entre empatía y auto consciencia e indican que este hallazgo es consistente con la perspectiva que sugiere que la gente necesita adquirir autoconocimiento antes de poder empatizar con otros (Block-Lerner et al., 2007).

Centeno y Fernandez (2020), basándose en descubrimientos de otros autores, creen que prestar atención a la experiencia interna desarrollaría las mismas regiones cerebrales (córtex prefrontal, córtex cingulado anterior e ínsula anterior) que se necesitan para mejorar la empatía. Otra explicación posible sería que si uno está consciente de las propias emociones, eso implica un mejor entendimiento sobre cómo ocurren y lo que pasa cuando éstas aparecen. Una vez que uno está consciente del momento presente y no se deja arrastrar por emociones, se estaría más disponible para atender la experiencia de la otra persona y entrar en las emociones de ésta (Centeno y Fernandez, 2020). Bolz y Singer (2013) sugieren que empatizar con otros está basado en: (a) atender receptivamente a la persona afectada, (b) tener en cuenta su perspectiva y (c) atender a los propios estados emocionales y mentales que emergen y que están basados en experiencias propias en similares circunstancias (Berry, 2017). Bolz y Singer (2013) postulan que practicar mindfulness puede ofrecer un acercamiento psicológico óptimo para cultivar esas tres capacidades porque la atención plena es inherentemente receptiva a los estímulos tanto internos como externos (Berry, 2017). Para Brito (2014), “mindfulness nos ayuda a reconocer emociones más sutiles en nosotros mismos y en aquellos que se encuentran a nuestro alrededor, y a relacionarnos con ellas con una actitud saludable” (Bellosta-Batalla, Cebolla et al., 2019, p.216).

Bellosta-Batalla, Pérez-Blasco, et.al., (2019) hablan de “la importancia de la separación entre las experiencias ajenas y las de uno mismo, inhibiendo los sesgos en la inferencia[8]15 sobre el estado cognitivo y emocional de los demás” (p.53), evitando por tanto un acercamiento del estilo “si yo estuviera en tu situación” y sustituyéndolo por el de “si yo fuera tú”. Por tanto, “La regulación de la atención y el aumento de la autoconsciencia asociados a la práctica del mindfulness son esenciales para evitar estos errores en la apreciación acerca de su estado interno [···] ejerciendo un efecto beneficioso sobre el vínculo terapéutico” (Bellosta-Batalla, Pérez-Blasco, et.al., 2019, p. 53).

Se ha señalado que “la práctica del mindfulness facilitaría el desarrollo de la auto-aceptación y la auto-compasión, ya que ayudaría a que el terapeuta reconozca sus patrones habituales de auto enjuiciamiento y crítica sin dejarse llevar por ellos [···]” (Araya-Véliz y Porter, 2017, p. 238). Y estos autores añaden que, según el terapeuta se vaya sintiendo más conforme consigo mismo, esta habilidad se trasladará de forma natural a sus pacientes, generando en algunos de ellos, una experiencia de una relación “basada en la aceptación incondicional y el respeto” (Araya-Véliz y Porter, 2017, p. 238). En esta misma línea Simón (2006), apunta que “en mindfulness estaríamos desarrollando empatía, comprensión, amor, compasión, con nuestra propia experiencia y con nuestro propio self” (p.22). Y añade que trabajar internamente hacia la auto-empatía puede tener un valor terapéutico para el paciente “especialmente cuando los sentimientos autodestructivos desempeñan un destacado papel en el cuadro patológico” (p. 22).

Siegel (2007) enumera nueve funciones de la corteza prefrontal medial[9], según él, todas relacionadas con mindfulness cuya mayoría tendrían que ver con las relaciones de apego seguro. Es por ello por lo que Siegel afirma que la atención plena puede propiciar relaciones sanas entre individuos a través de una serie de mecanismos como (entre ellos), la empatía ampliada (Simón, 2006).

Para Villalba, la práctica frecuente de la atención plena nos conduciría a un estado en el que la distinción entre el observador y lo observado se diluye, “el mundo de ahí fuera es idéntico al mundo de aquí dentro”, así que “desde ese estado surge naturalmente la empatía y la compasión” (Villalba, 2018, p. 191). Y este autor añade que “la empatía no es una nueva construcción mental, no es un imperativo ético, ni un ideal que debamos alcanzar, [···] sino el estado natural, el fondo de nuestro ser, que emerge cuando las formaciones mentales ilusorias son disueltas” (Villalba, 2018, p. 191-192).

[1] Para hacernos una idea de ese incremento, en 2000 se encontraron 10 publicaciones científicas sobre mindfulness, mientras que en 2016 se encontraron 667. En 2017 se habían contabilizado más de 4.500 estudios científicos sobre la atención plena.

[2] Recientemente ha salido la noticia en prensa de que el gigante Amazon ha implementado unas cabinas llamadas Mindful Practice Room (o AmaZen) para “ayudar a los empleados a recargarse y revitalizarse”. https://elpais.com/tecnologia/2021-06-01/ataudes-para-meditar-las-criticas-contra-amazen-las-cabinas-de-relajac ion-de-amazon-para-sus-empleados.html

[3] Más allá del McMindfulness, publicado en el Hufftington Post en 2013.

[4] Para facilitar la comprensión del desarrollo de este trabajo y uniformizar conceptos, cuando en las investigaciones se detallen intervenciones mindfulness laicas pero con componentes éticos del budismo, incluiré esta expresión de Villalba.

[5] Como ya se ha mencionado, estos serían: no enjuiciar, paciencia, mente de principiante, confianza, no forzamiento, aceptación y soltar.

[6] Y claramente estas actitudes estarían inspiradas en el contexto ético-cognitivo del budismo. 

[7] Importante tener en cuenta además que dos de ellos recogen explícitamente elementos relacionados con la empatía como la alegría empática y la compasión.

[8] Concepto ya mencionado en el apartado dedicado a la empatía.

[9] Regulación corporal, comunicación sincronizada con otras mentes a través de procesos de resonancia, equilibrio emocional, flexibilidad de respuesta, empatía, autoconocimiento, modulación del miedo, intuición y moralidad.

Escrito por:

Rafael Agustín Pérez Yagüe.

 Universidad Europea.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

19 + veinte =