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No hay atención plena (mindfulness) sin bondad

por Shamash Alidina (*)

 

He aquí algo que puede estar ausente en nuestra definición actual de atención plena.

 

El término mindfulness se está mencionando en todas partes: desde la portada de la revista Time hasta en los discursos de las Naciones Unidas. Pero alguna gente se está preguntando: ¿qué viene ahora?

 

Este año asistí a una charla de mi monje favorito, Ajahn Brahm. Habló en la sede central de Google en Mountain View, California; un sitio sensacional para que un monje de montaña se dé una vuelta. Brahm expresó el problema de separar la atención plena (mindfulness) de la compasión; ambas actitudes trabajan mucho mejor juntas.

 

La atención plena (mindfulness) por sí sola es simplemente conciencia del momento presente no enjuiciadora, como dicen los investigadores. Pero para desarrollar la exquisita paz, la delicadeza y la quietud de la meditación se requiere además una conciencia bondadosa.

 

Así que Brahm ha acuñado un nuevo término: bondad plena (kindfulness). ¡Y me gusta!

 

Atención plena y bondad son las dos cosas que nos ayudan a elevarnos a las vertiginosas alturas de la sabiduría reveladora, la alegría incondicional y la paz profunda.

 

La atención plena sin bondad se vuelve seca, aburrida y fría. La bondad sin atención plena es difícil de imaginar. ¿Cómo podrías ser bondadoso y atento si no eres consciente de a qué responde tu bondad?

 

La mayoría de los buenos profesores de meditación fomentan una conciencia cálida, afable y amistosa. Pero creo que, en lugar de atención plena (mindfulness), sería mucho mejor usar la expresión bondad  plena (kindfulness). Esta expresión te recuerda la necesidad de ser bondadoso y amable en tu práctica.

 

¿Que si puedo dar un ejemplo? ¡Por supuesto! A menudo ayudo a personas a manejar el estrés. En mi último libro ‘El camino consciente a través del estrés’[1] me he asegurado de que las meditaciones y prácticas estén infundidas de bondad y compasión, no solo de conciencia plena.

 

Así que consideremos el siguiente escenario: imagina que te estás sintiendo estresado ahora mismo por una reunión de trabajo que tendrás más tarde a lo largo del día. ¿Cómo lo abordas con bondad plena?

 

Primer paso: empieza practicando atención plena (mindfulness). ¿Cómo sabes que estás estresado? ¿Hay opresión en tu estómago o una tensión en tus hombros? ¿Tienes dolor de cabeza o tu corazón está acelerado? Esa es la parte de la atención plena (mindfulness). Estás tomando conciencia de ti mismo. Tomar conciencia de sí mismo es una de las funciones de la atención plena (mindfulness).

 

Siguiente paso: bondad. Envía amabilidad, calidez y cordialidad a tus sentimientos de estrés. Siente el estrés como quien sujeta a un bebé, una flor delicada o un oso de peluche. Permanece en esas sensaciones usando tu corazón, no simplemente tu cabeza. Hazlo durante unos minutos, si puede.

 

Paso final: atención plena otra vez. Nota el efecto que han tenido tus pequeñas acciones. ¿Ha funcionado la bondad plena? ¿Te sientes mejor o peor? De esta forma, descubrirás qué actitudes funcionan y cuáles no. Sea como sea, algo habrás aprendido.

 

La bondad plena (kindfulness) no es solo para el estrés. Puedes aplicarla también en tu práctica diaria.

 

Empieza por notar el efecto de tu práctica, cualquiera que ésta sea: meditación, yoga, movimiento consciente, correr, nadar conscientemente de espaldas con un brazo. Lo que sea, nota cómo te sientes después.

 

Si te siente cálido, difuso, calmado, y en general feliz contigo mismo, probablemente estés mezclando la conciencia plena con la compasión. ¡Bien hecho!

 

Si te siente aliviado al dejar de meditar o caminar conscientemente o lo que sea que practiques, lo más probable es que te estés esforzando demasiado. Y que te haga falta más cordialidad.

 

Si éste es tu caso, pruebe estos sencillos pasos:

 

a) Mientras meditas, pon tu mano en tu corazón.

La calidez de tu mano generará un sentimiento de compasión hacia lo que sea sobre lo que estés enfocando tu atención.

 

b) Sonríe (por favor)

Éste es un tiempo consciente para ti, no una tortura. Y si no puedes sonreír, usa dos dedos para levantar los extremos de tu boca y mantenerlos ahí un rato… ¡lo digo en serio!

 

c) Presta atención a tu foco de atención, sea cual sea, usando tu corazón, no simplemente su cabeza.

Siente tu respiración, si puedes, con calidez emocional, en vez de en forma fría y no enjuiciadora.

 

d) Abraza más.

Abraza un oso de peluche mientras medita. Abraza a su portátil cuando termines de trabajar. Abrázate a ti mismo siempre que te sientas un poco bajo. Que reinen los abrazos!

 

e) Suaviza tu diálogo interno

Dite palabras reconfortantes. Cosas como “relájate”, “tómatelo con calma”, “respira, respira.”

 

¿Cómo combina la atención plena (mindfulness) con la bondad? ¿Qué prácticas funcionan mejor para ti personalmente? Comparte tus ideas si tienes tiempo de hacerlo.

 

(*) Shamash Alidina es el autor de “Mindfulness para tontos”[2] Su libro más reciente es “Vencer el estrés con mindfulness”.

 

Publicado en Mindful.org, el 4 de Agosto de 2015.

http://www.mindful.org/its-not-mindfulness-without-kindness/?utm_source=Mindful+Newsletter&utm_campaign=8fcd4c9e52-MF_Weekly_Aug_118_11_2015&utm_medium=email&utm_term=0_6d03e8c02c-8fcd4c9e52-21754305

 

Trducción de Hugo M. Villar para este blog. Revisión de Dokushô Villalba.

 

[1] N. del T.: traducción directa del título en inglés ‘The Mindful Way Through Stress’, que en español ha sido publicado bajo el título ‘Vencer el estrés con mindfulness’.

[2] [2]
N. del T.: ‘Mindfulness For Dummies’ en el original. Sin edición en español en el momento de publicar la traducción de este artículo.

4 comentarios en “No hay atención plena (mindfulness) sin bondad”

  1. Excelente artículo, en mis inicios como facilitador de atención plena, a veces sentía que hacía falta algo y la respuesta de lo que faltaba está expresado de manera maravillosa en este espacio de compartir, gracias por tu intención amorosa de impulsar la práctica de la bondad que tanto es necesaria en el momento actual del planeta…

    1. Hugo M. Villar

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